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domingo, 22 de abril de 2012

Llueve

Días como hoy son aquellos en los que la lluvia se convierte en un complemento de su soledad y le resulta inevitable el abrir la ventana, y sentir como cada gota de lluvia se fusiona con sus lágrimas. Lágrimas que aparecen al darse cuenta de que todo lo que parecía que había avanzado, se esfuma. Cada gota la da un motivo para volver a caer y cae. No sabe por qué pero en este momento todo le recuerda a él.

Quizá por que sabe que las noches de lluvia son sus favoritas. Que les encantaba pasárselas juntos bajo la manta azul de cuadros escoceses del salón de su casa mientras veían una película antigua de esas que a ella tanto la gustan y que el detesta.
Pero ya todo eso se acabó. Están en países diferentes y ninguno de los dos volverá a España hasta verano. Escalofrió y temor. Temor de volver a verle y volver a caer en él. Ella sabe que él es y será su debilidad y que una vez que empiezan no saben parar. Pero les da igual. Ahora su temor no es ese sino que se haya cansado de ella. De ese juego de quererse cada vez que se ven y al día siguiente si te he visto no me acuerdo. Por que ahora ya no habrá océano que les separe. Temor a que ella quiera más y que para él sea solo eso, un juego, una diversión. Temor a que la haga daño, temor a fallar. 

Pero estamos a 22 de Abril, con 70 días por delante antes de que se vuelvan a cruzar sus miradas. 
Decide dejar de pensar y desconectar. Pero sabe que eso no la va a ser fácil, y que se quedará escuchando a Pereza hasta que las gotas de lluvia decidan parar de salpicala en la cara o hasta que el sueño la convierta en su aliada.

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