La ansiedad y el miedo comienzan a recorrerla el cuerpo, y antes de que esa lágrima que esta a punto de salir de sus ojos alcance el sentimiento necesario para que rompa a llorar como un bebé al que le acaban de quitar su juguete favorito, saca el último cigarro del paquete y lo enciende con cuidado de no hacer saltar la alarma de incendios que tiene en 'su habitación'.
Coge el iPod. Aleatorio. Y 'Talk to me' de su querido Lil Wayne invade sus oidos.
Esta empezando a llover y duda si cerrar la ventana, pero prefiere mojarse y pasar un poco de frío a cerrarla y desperdiciar su último cigarro -que a 10$ el paquete no están como para desperdiciarlos- o arriesgarse a que suene la jodida alarma.
23:46
Otra noche más y ni puta idea de donde está, o de que hace ahí, o de por qué motivo se encuentra perdida en este desierto de pensamientos irracionales. Lo que si tiene claro es que él es su oasis. Él, que vive en su mente cada día, es el único que sabe como poner bocabajo su mundo demente y hacerla recobrar el sentido y la ilusión que perdió el mismo día que le perdió a él. Se pasa los días exprimiendo cada recuerdo que queda vivo de ellos como un limón, tan ácido que suele acabar dejando su corazón lleno de quemaduras. Mezclando esos recuerdos con el tiovivo de sueños y emociones que vive por momentos con la simple esperanza de que él este haciendo lo mismo.
Conoce la respuesta a esa pregunta y cada vez se hace más insufrible. No volverá a pasar. Tan triste como cierto, esa fobia al rechazo la ha jugado más de una mala pasada y su archienemigo el olvido la ha hecho darse cuenta, una vez más, de que no puede navegar en ese mar de incertidumbre sujetándose de un donde hubo fuego siempre quedarán cenizas, ni confiar en que él sienta lo mismo y que sus supuestas cenizas no se las halla llevado un huracán, porque las olas de dudas no van a dejar de arrollarla, porque en plena alta mar no hay un 'fuimos' o un 'tuvimos' que valga y porque su única oportunidad de llegar a la costa es, paradójicamente, ese olvido por su parte y no esas cenizas que fácilmente y en cuanto se descuide, desaparecerán llevadas por un tsunami o algo peor.
El cigarro se ha acabado y están a punto de dar las doce, hora de las brujas. Toca irse a dormir que mañana tiene que madrugar para ir al colegio. Colegio rodeado de gente ignorante y sin sentido común a los que solo desea que algún día salgan de su burbuja y de su comedura de cabeza que sus padres y profesores les han creado. Pero prefiere no darle más vuelta a esto y menos ahora que se acaba de terminar su último paquete de tranquilidad.
Se mete en la cama pero no consigue conciliar el sueño. Siempre con un As en la manga, busca el mando de algo que llaman 'la caja tonta' pero que es infalible, su amiga la televisión nunca la ha fallado. Otra noche más, es el turno de que su queridísima telebasura la haga trasladarse al mundo de los sueños, donde, aunque solo sea por seis horitas diarias, puede dejar de pensar en él.
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