Sobre mi

jueves, 21 de febrero de 2013

🆘



Yo y mi calma, que a veces no es tan buena.

 Retrasos y suspiros que van a las alcantarillas de las incoherencias, junto a los posos del café y colillas derramadas por el desagüe. 


Estrés a veces, aún que sé como combatirlo, que ya son muchos meses con este a cuestas -aún que los métodos elegidos no sean los mejores, sí los más eficaces y me basta. 

La receta la sigo teniendo bajo llave, la llave al cuello y mi cuello esperándote, por si algún día lo necesitas o me necesitas. 

Como cuando tu madre te dice eso de: 'no andes descalza, ponte zapatillas que te vas a constipar'  y aún sabiendo que lleva la razón te niegas a renunciar al escalofrío producido por el contacto de tus pies descalzos en el marmol y esa sensación de libertad y fragilidad al mismo tiempo; y te arriesgas por ello a que vuelva a gritarte al desobedecerla y mentirla con un: 'ya voy mamá, no seas pesada' pero no lo harás, por que esa sensación es superior a cualquier resfriado. Pues algo así me pasa contigo, cambiando un par de términos. 


Tan absurdos como el día de hoy o como pedir deseos a las estrellas son mis incoherencias. 
La pregunta es la siguiente: ¿Cuántas neuronas nos quedan?
   ~Con una revolución en mente diré que de momento las suficientes, o por lo menos las más valientes siguen ahí, al pie del cañon, aportando soluciones (a pesar de que el grado de inutilidad de estas sea superior al de mi fuerza de voluntad).


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