De esto que quieres con todas tus fuerzas soñar, pero hay algo minúsculo y nada importante que te lo impide.
Aun que cierto es que en ese grupito insignificante entran tus rayadas, tus pensamientos, tus bocanadas y tus rabias -sin importancia todas- pero entran.
Por ello y mil caladas más; que te digan lo que hacer o que te digas lo que tienes que hacer nunca funciona si el ego que retumba en tu cabeza es más fuerte.
De ahí que no sientas el frío del aire que recorre tu sudadera buscando un agujero para comerte los huesos, y que en su lugar solo te encuentres con el pelo enredado y ganas de volar con él -con el aire digo.
De ahí que tus propuestas de cambiar el mundo o simplemente de cambiarte se retuerzan junto al lado frío de la cama.
¿Que por qué escribo los domingos? Pregúntaselo al lunes.
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