Cuando llega ese momento del día donde crees que eres libre, que vas a descansar, que te toca despejarte y no pensar en nada, siempre aparece él con sus sueños y signos. Levantarte con el corazón a doscientos tras tener la pesadilla de siempre: que sigo allí,
e ir calmándome poco a poco, puede ser eso lo que dices que me destruye, o quizá lo sea mi forma de calmarme. Puede que no sea él el culpable de todo, y obviamente le he ayudado bastante -hablo de Freud, por supuesto-.
Tengo miedo y frío pero aún me quedan tres caladas, y a pesar de que ya halla empezado a delirar, no suelo dejar las cosas a medias.
Creo que todo esto viene a raíz de que mi película favorita con cinco años era Titanic y que nunca he llorado con ella; y ahora que mi "Titanic" se vuelve a hundir no se si me conviene hacer de Jack o de Rose.
Viendo las consecuencias opto por hacer del tablón de madera que la salvó la vida, y que alguna vez formó parte de aquel barco, ahora hundido; y a pesar de que no lo consiga hacer igual de bien, conseguiré salir a flote.
El problema es que nunca he sido buena en eso de tomar decisiones y a la hora de salvar a uno de los dos acabarían volviendo a nado a la costa o se acabarían astillando con los diminutos rastros que quedarían de ese supuesto tablón de madera que desaparecería con la marea.
No hay comentarios:
Publicar un comentario