La chica que te quiere pero no te necesita, la que tiene su mundo hecho pero necesita complementarlo. Esa que te pide que te quedes cuando en realidad quiere la cama para ella sola, pero le gusta tu presencia -y solo eso- ya que te pone límites.
La necesidad la agobia y siempre deja todo pasar, se cree suficiente, más que suficiente y autosuficiente, pero hay matices, pequeñas señales etéreas e inverosímiles a primeras.
Matices relativos al grado de autosuficiencia al que se sumen sus instintos, ya que al superar cierto nivel, la llamada independencia se convierte en soledad, y eso es aterrador para cualquiera -digo yo.
Matices tan clásicos como que baja al bar, donde esta rodeada de gente, a por su café solo de cada mañana, o ese afán por colocarse en medio de la pista cada vez que sale de fiesta, o su preferencia por viajar en transporte público.
Cosas que la delatan y desmontan su fortaleza de autonomía.
Es de esas que se ven fuertes cuando en realidad no lo son, pero sabe aparentarlo de forma escalofriante.
Quizás existe una raiz muy profunda de esto, o quizás sea exclusivamente la forma que ha elegido ella de ver su vida, un mecanismo de defensa más propulsado por sus ideales momentáneos.
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