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viernes, 7 de junio de 2013

"Tratad a las personas como fines y no como medios"

Desde un punto de vista alejado de cualquier estética pasada, ¿qué es mejor, ser la primera o ser la otra?
La primera es aquella que se te queda marcada; te abre la mente y las puertas de su vida para que tú te des cuenta de lo que vale su mundo y lo explores sin medidas. Te ofrece seguridad y claridad a cambio de que tú se lo devuelvas.

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La otra es aquella que te rompe los esquemas, puede que incluso en más pedazos que la anterior. Que te evade de tus superficies estancadas y te regala sus realidades de las formas más alocadas, esas que nunca imaginarías. Ofreciéndote cada milímetro de sus secretos sin pedirte nada a cambio y con la esperanza de convertirse algún día en la primera referente; sin tener en cuenta sus ventajas que, hablando en plata, a veces incluso pueden llegar a superar a las de la primera: te evita la rutina y es tu evasión del estrés.
Pero, como diría Kant, hablamos de acciones inmorales. 


Pausa. 


Si la vida se guiase por acciones inmorales, acabaríamos en un caos sin remedio. 
Si la vida fuese una constante de acciones legales, acabaríamos hasta la polla. 

Acciones morales, ¡te elijo a ti! 

Refiriéndonos a una acción moral como aquella que se hace por que es lo moralmente correcto y, además, lo que nos parece adecuado y queremos hacer.

El problema aparece cuando lo inmoral se camufla entre lo moral. 
Ese punto en el que lo que está mal deja de estar tan mal por que no te parece que esté tan mal (por las veces que lo has visto y vivido). Encontrándonos pues, con una acción inmoralmente moralizada -por ejemplo

En cuyo caso la solución es hacer lo que te salga, y empezar pensando siempre en las consecuencias y ganas, antes que en todo lo correcto, moral y bla bla bla

Ahora es cuando me doy cuenta de lo que me afecta el frío y estudiar filosofía los viernes. 


Pausa. 

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