Sobre mi

lunes, 23 de septiembre de 2013

Altos requisitos de entrada.

En mi mundo huele a vainilla.

Es un mundo de filósofos puestos y poetas en las alturas, 
de preguntas sin respuesta y salidas sin oxígeno.

Allí se aprende a amar por encargos 
y se hiere por inercia.

Por ello solo hay meros transeúntes, 
por que todos saben demasiado.

Nadie quiere a nadie pero todos se necesitan, 
que al fin y al cabo viene a ser lo mismo.

Hay teorías sin comprobar 
y compras sin recibo ni IVA.

No se cuenta nada por el miedo a hacerlo realidad 
y su rivalidad es el tiempo, no equivalente en segundos.

Vertederos de musas y románticos con cientos de consumiciones por entrada. 

Mínimo dos vidas por alma
y el mínimo por alma son dos corazones rotos en mundos paralelos. 
Multiplica. 


Dicen que no aguantaría un día en el mundo real, y yo digo que no sobrevivirías una noche en el mío. 

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