¿Alguna vez has pensado que quizás lo que buscas no es tu ideal soñado sino su correspondiente pesadilla?
Bueno, yo sí, y resulta que en ese fondo me encontré más identificada que en la superficie e incluso me planteé que pasaría si dijese la verdad, aunque solamente fuese un día; y, claramente, ese sueño no quedaba bien. Perderme un instante el mundo inexistente donde nadie miente no sirvió de mucho, tras un par de horas acabaron por echarme y me convertí en aquel intento fallido del fin del que hablaban los Mayas. Visto lo visto, no sabemos ser sin estar (ni sabemos estar a secas) y el engaño es un arma que le viene grande a muchas personas, por ello no siempre llevo el revolver cargado cuando salgo de casa -a pesar de poseer un escondite inigualable para mis balas- y conozco las señales que indican el permiso de disparo. El fallo que me condujo a la expulsión fue tal vez el exceso de equipaje, llevar mierda en la maleta no está permitido si no estas dispuesta a enseñarla y mi carga superaba con creces el doble de mi peso. Acompañada de mis excesos y sus pesares me despedí y desperté del sueño deseando su pesadilla.
Rechazo absoluto y pérdida desastrosa; me desplazo a la verdad, desenmascarando mis azañas. Nada es más convincente que el hecho de creer en los opuestos -ni más bonito y estúpido. Creer que si tu sitio no es aquel mundo soñado, habrá que complementarlo y en ello me centro, puros complementos, y el complemento a mi sueño fue sencillo de encontrar, tan sencillo como abrir los ojos. No fue tan drástico como una pesadilla en sí, pero se le acercaba de forma suficiente. Ahí encontré complementos ilógicos como esa loncha de ibérico que añades al melón con el propósito de cambiar su sabor y viajar con el. Complementos ilógicos como la presencia de la luna llena en una noche en busca de oscuridad.
Rechazo absoluto y pérdida desastrosa; me desplazo a la verdad, desenmascarando mis azañas. Nada es más convincente que el hecho de creer en los opuestos -ni más bonito y estúpido. Creer que si tu sitio no es aquel mundo soñado, habrá que complementarlo y en ello me centro, puros complementos, y el complemento a mi sueño fue sencillo de encontrar, tan sencillo como abrir los ojos. No fue tan drástico como una pesadilla en sí, pero se le acercaba de forma suficiente. Ahí encontré complementos ilógicos como esa loncha de ibérico que añades al melón con el propósito de cambiar su sabor y viajar con el. Complementos ilógicos como la presencia de la luna llena en una noche en busca de oscuridad.
Complementos ilógicos como tú y yo.
Pero esa creencia fue fácil de contradecir y ver desvanecer. Tan rápida como la caída de los EE.UU doce años atras tal día como hoy. Tan insuficiente como inconvincente, y ahí desemboco y descarrilo. No busques complementos cuando necesitas contrarios. Volvamos a perderme en el mundo oscuro al que siempre he temido, dónde la verdad no existe y el tiempo es tan denso como la más espesa de las nieblas, donde nadie dice lo que realmente piensa pero todo el mundo se entiende a pesar de ello. Permisos de armas y licencias para matar sin ton ni son, los actos sin consecuencias y las consecuencias puestas. Admitida de forma mágica, mi equipaje y carga sobrante desaparece al contrarrestar con la del resto de sus habitantes. Apariencia desgarradora de almas decididas; piso puesto y trabajo. Pesadilla concedida.
Aceptación y deseo, descubran mis referencias pues el tema acaba aquí. Abriendo mentes contesto a la cuestión, no hay que buscar lo que siempre llega, la atracción de opuestos no siempre es adecuada pero siempre mejor que pintar debilidades de colores para autoconvencerte de su belleza (seas cual sea tu caos).
Sí, vuelvo a escribirte, ha sido un placer.
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