Hace dos días -puede que algo más- vi algo que consiguió mi asombro, me exprimió el corazón hasta casi desvanecerlo y retrocedí a la época aquella en la que el amor no era solo cosa de películas; vi a un hombre (y digo hombre por que cualquiera que realice el acto del susodicho es merecido del título de hombre) saliendo de su coche con un ramo de rosas rojas y una tarjeta en la cual pude apreciar un: "Para Ella" en un tono plateado.
No fue envidia lo que sentí sino curiosidad, deseo de descubrir quien sería la afortunada que encontró un acompañante tal. Él no era nada grandioso en cuanto al físico se refiere, no era el tópico de hombre conquistador sino un joven alto, delgado, tatuado y con bermudas y calcetines hasta las rodillas, insignificantes detalles en cuanto a la importancia de su propósito, a la cual me refiero. Era un hombre valiente a juzgar por su decidida forma de caminar. Era un hombre valiente que llevaba un enorme ramo de rosas por la calle esquivando sin importancia las impertinencias ajenas tales como un: "¡Qué pringado! Yo no necesito esas mariconadas para follar" del niñato de turno que pasaba por la paralela sin darse cuenta de que quizás el propósito del ramo no era una noche de sexo, sino puro detalle desinteresado.
Toqué fondo al oir la risa de mi amiga en contestación a la estupidez de aquel imbécil y su contribución diciendo: "Yo, si mi novio me regalase flores o un poema, le dejo". Bravo.
¿Qué hemos hecho? ¿Cómo hemos conseguido darle ese sentido tan vulgar a una sentimiento tan fuerte como el amor? O peor aún. ¿Cómo es posible que pueda dudar de la existencia de este con tan solo dieciséis años?
Nos vendían el amor como algo incalculable, algo insostenible incluso para la persona más dura, algo incondicional, la razón de robos, asesinatos y descubrimientos, de enloquecimientos y trastornos, algo por lo que la gente daría la vida incluso sin quererlo, y supongo que sin quererlo también le dimos ese aspecto tan oscuro y vano, le restamos importancia al confundirlo con amistad, cariño, respeto y derivados, que no son más que las partes que en su totalidad formarían la definición de amor.
Eliminé la posibilidad de su existencia tras esta situación inesperada, pero maldigo esta impotencia e incapacidad de no poder negar algo tan magnífico -o eso decían los creyentes. Detesto el haber oído esas frases y muchas otras descripciones del amor por ingenuos atontados (que no enamorados) de su pareja; y es por ello, quizás, que cada vez que realizo la pregunta :"¿Estás enamorado/a?" a una pareja y su respuesta es afirmativa, no puedo borrar esa sonrisa tierna y burlona de mi rostro, ni evitar imaginarme su concepto de dicho sentimiento.
Es esta la razón, y ninguna otra, por la que soy una incrédula adolescente escribiendo pensamientos y situaciones pasadas desde el campo al atardecer, con la fe restante de encontrar mi propia respuesta a esa pregunta que tantas veces ha salido de mi boca, y que esta pueda sonar convincente.

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