Hace mucho que no hablo con ella y aunque esta noche no sea la más apropiada ya que no está totalmente despejada y las nubes disimulan parte de su luz, aún así se que está. Supe que esta noche sería de las suyas, de las que es capaz de relucir y deslumbrar ciudades enteras, lo supe desde las nueve de la mañana, en el momento en el que se rompió el autobus e hice el amago de llegar tarde a un examen de geografía física. Despues de atascos de intelecto con un final de suspenso mi fin ha actuado a corde con la astronomía propia del día, y echo las culpas a la esfera blanca que me ilumina esta noche. Me enseñaron que no es correcto eso de culpar a agentes secundarios de las catástrofes propias; pero, aunque mi padre no sea un hombre lobo, me vienen por herencia las desdichas y cambios de humor, la inestabilidad en los días de luna llena y la capacidad de percibir cuando se acercan los hundimientos.
Supongo que todo esto remonta a su figura, y al supuesto de que sería la única ventaja de la jornada: admiración y deseos. El atontamiento de su luz que me descifra la mejora. Por incrédula admito que no reconozco y me niego a pensar que alguien tan atroz como el hombre haya marcado sus huellas en tan perfecto relieve, al igual que cancelo la idea de que una luz tan potente no sea propia sino del egocéntrico sol, que no conforme con acaparar el día, sea capaz de hechizar la luna y cautivarla con sus rayos.
-No me andaré más por las ramas, hija de la gran... Luna. Aprecio tu presencia del mismo modo que desprecio tus efectos y pido con objetivo de tu escucha que suavices tus poderes en tu próxima visita.
No hay comentarios:
Publicar un comentario