Calma y descubrimiento. Velocidad y destreza. Adentrarse en el mar a bordo del Boing más descomunal o surcar los aires a través de un pez espada. ¿Qué opinas de mis nuevos abismos tu que conociste el caos y desorden más absoluto de mis entrañas? Siéntete culpable.
Desde tu ausencia solo me queda café y desgarro. Te llevaste casi todo lo restante, incluyendo el por qué de mi enfriamiento y mi búsqueda de calidez, que no calidad. Ahora tu cuerpo encuentra estados en mi subconsciente que aterrarían al más temido de los mafiosos; y vuelve a sentirte culpable. Mi estado de nerviosismo, ese que confundías con un mal día, también te lo llevaste, y es por eso que ahora pongo nombres a mis peces y no a mis ideas; que hago tesis con las estelas de los aviones y las titulo con el destino de su trayectoria, y no la mía. Mi asombro por lo inusual ha sobrepasado su cauce y todo y nada me sorprende, se han desbordado mis expectativas y finjo el desamparo. Ese anhelo por lo imposible, menos mal que lo supe cuidar y aprendí a distorsionarlo y moldearlo a mi manera, y no a tu cuerpo como antes. La esencia también la acaparé antes de que me la extorsionaras, pero ya no es tan fuerte, ya no puedes apreciarme a kilómetros, ni rastrear mi cuello con un solo respiro. De otro no, de otros puede, y si te suena corriente o vulgar siéntete culpable de nuevo.
No me malinterpretes, busca en tus bolsillos, y cuando encuentres aquel mechero que me intercambiaste por un par de respiraciones agitadas, verás que no soy yo la que te está echando las culpas.
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