Sobre mi

miércoles, 22 de enero de 2014

Quizás no sea esta la mejor de mis siete vidas.

Levantarse y dejarse desgarrar por el termómetro a una temperatura neutro: cero grados, ni frío, ni calor. Aunque el humo del café lo niegue; y a estas alturas ya voy por el tercero. 
Desmantelada por una desertificación interna me veo incapaz de alcanzar resultados y aquí estoy, escribiendo estupideces en lugar de perderme entre autores modernistas. Tras un duro día ni la poesía está a mi favor, a pesar de que suele ser mi único aliado y quizás por ello lo he dado por perdido. Rectifico. No del todo, espero, mi intención es retomarlo a conciencia, pero para ello debo recuperar la susodicha. Ahora digo, ¿qué te queda cuando fallas en tus vitudes, cuando tus potenciales te defraudan y tus capacidades se debilitan? ¿Esperar? ¿O fomentar otras habilidades? No tengo tiempo para ninguna de las dos. Bingo. No es lo que queda sino lo que falta, y he ahí la respuesta. Mi tiempo ha sufrido un fenómeno de inflación y lo que antes era contabilizado en cientos, ahora vale millones y claro, no pretendas que malgaste la misma cantidad de tiempo en cosas en las que he perdido mi interés, por que bajará mi rentabilidad.  Nuevas formas de valorar la vida, nuevos valores para mis actuaciones y nuevos objetivos que espero sean valorados. Es así como pretendo recuperar a mi musa y volver a aliarme con ella. Dejar de quemarme por dentro y salir a flote (sí a flote y en llamas, por muy adverso que suene) de este incendio sin convertirme en ceniza. 
Igual en ese resurgir reaparezco, las mejores etapas artísticas son las de crisis mentales y éticas y poco más he sacado de la llamada "edad de plata", ¿por qué no ahora?, ¿por qué no tú?.

No hay comentarios:

Publicar un comentario