Prefiero así quedarme en los detalles, en esos efectos que encienden tu llama poco a poco para recordarte que el incendio no está apagado y que puede avivarse cuando le plazca. Eso mismo. La esperanza de sentir como se reafirman mis creencias, de como las excepciones, en ocasiones, superan lo supuesto como moda, y de como aún cabe la posibilidad de ser fiel a mis gustos sin ser tachada de ridícula, de no odiarlo todo sin ser odidado por ello, de volver a angustiarme con los puntos aparte y mirarle de nuevo a los ojos a los sellos y remites de las cartas.
<<¡Ay! amor, este corazón sólo se hidrata
con los besos de tu boca
¡Ay! amor, y no pide nada solo amarte
a su tiempo y a deshora.
Pasarán los siglos y los mares
pasará el gemido de la flor
pasará el más sabio de los hombres,
lo sé,
pero nunca pasará este amor.
Que tú no sabes que yo
te canto todas las mañanas
una cancioncita al oido,
te arropo y cierro la ventana
para que tú no sientas frío>>
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