Podría reducir mi recorrido a tu lado a la vida de un
mechero.
Tan útil como complementaria. Fui buscada con ansia en
ocasiones y remplazada en otras muchas por mejores, peores o incluso por
cerillas. Pero nunca me quejé, fui fiel a tus deseos con el único propio de que
no me perdieses en alguna fiesta, concierto, o despiste, o de que sustituyeses tu tabaquismo por algún vicio de menor riesgo, como pasa en muchas
ocasiones; y que en temporadas hiciste. Pero nunca me quejé, porque hasta
entonces siempre volvías. No fui comprada ni regalada, sino adquirida por
méritos propios, quizás ahí el motivo de ese ligero enchufe, ese favoritismo de
ser el mechero más eléctrico de todos y me sentía así la llama más afortunada, desprendiendo
todo mi calor posible para regalárselo a tus labios. Cierto es que fui prestada
por tu parte, permitiste mi utilidad en manos ajenas que no supieron prenderme
con el mismo arte y entusiasmo pero que siempre se fijaron en mi curioso
estampado. Cierto es que a lo tonto me fui consumiendo y ahora que regresan tus adicciones ya no queda nada más de mí, mi piedra está tan gastada como mi gas y no
soy recargable por un par de noches en vela.
Descuida, ya tengo tu próximo
regalo de cumpleaños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario