Juro no saber a que me estaba enfrentando al esquematizar mis primeros bocetos. Juro que, a mi parecer, el azul y el amarillo casaban perfectamente; y juro que todo tenía sentido en mi mente, pero claro, ¿qué sentido puede haber en alguien que carece de conocimientos en estos temas?
Estuve a punto de aceptar cuando aún me encontraba dentro de tus límites y ahora que el cerco está cerrado es cuando más ganas tengo de adentrarme en él. No es por el peligro, no me suele atraer esa faceta tuya de ir rompiendo con las normas por placer, aún sin ser necesario; lo deseo por ingenua, por no haber sido capaz de captarte en esa etapa que se que jamás volverá. 'Siempre tarde' como esencia. Claro que tampoco seré tu novia cadáver, no seré yo la que te espere hasta la saciedad, la que de todo de sí por algo tan superfluo -a mi parecer- como son los sentimientos del corazón, aunque desmiento que nada desearía más que ser capaz de dicho aguanté, en otra vida quizás. Mientras tu espera me desespera y se pierden mis momentos me dejo fluir.
Es curiosos por que ayer, mientras cometía otra de mis locuras derivadas de tu ausencia, otra de esas estupideces sin otra justificación más que el frío vicio, sonó nuestra canción -permitirme que la llame así a pesar de que tú ni sepas de su existencia, y de saberlo, jamás la relacionarías con mi persona. Fue aquella la canción que sonaba en uno de nuestros baños de estrellas, mientras aun éramos cómplices y nadie se planteaba el suspenso, fue aquella la canción que me susurrabas, doblando las intenciones y multiplicando sus significados, mientras yo hacía como que no quería oírlo, mientras fingía indiferencia. Sin embargo, ayer cuando sonó no necesite tu voz cantando la letra para darme cuenta de lo que me estabas pidiendo, por ello continué con aquello que me atareaba en esos momentos, pero con más ganas; por que cuando provocas indiferencia, el sabor se vuelve insípido, el número de complementos ajenos -que no agentes- resulta inválido, y notas como a tu sujeto paciente ahora se la sudan tus predicados.
Pero bueno, ¿para qué están los domingos si no es para martirizarte y para qué sirve el dolor de cabeza si no es para hacerte recapacitar?
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