Sobre mi

miércoles, 28 de mayo de 2014

Ultimo entre los únicos.

Con tranquilidad te digo que puede que estemos en peligro. Cada vez echo más de menos la estabilidad y la comodidad que solo tú supiste darme. Cada vez me tambaleo más, fuiste mi más preciada muleta. Ahora mi grado de confusión alcanza tus máximos, tu paciencia y mi avaricia.
Como aquel poeta que no sabía rimar, pero que consiguió hacerte poesía y ligar tus versos libres o como aquel paracaidista con miedo a las alturas al que hiciste desaparecer el vértigo deslizándole por tus precipicios. 
Algo así fuimos;
algo así seguimos siendo, entre muchas perspectivas. 
Aún tenemos cuatro meses hasta la fecha que marcarse como límite. Aún queda tiempo para asegurar. Pero no permitiré que la historia se repita y cometer, otra vez, ese error que me persigue desde que volví del inframundo y que parece haberse quedado tatuado en mi conciencia. Prometeré no volver a bailarte el agua a cambio de no ser pisada mientras bailamos al ritmo de una complicidad aún existente, a cambio de que nuestras miradas vuelvan a entenderse y que volvamos a leernos la mente, y las ganas, aunque nuestras palabras sigan diciendo lo contrario. ¿Y luego qué?, ¿y luego cómo? No permitiré una segunda oportunidad, no merezco semejante privilegio. Me arriesgo pues, a colgarme demasiado de alguna de tus caladas, a inhalar humos que no volverán a tenerme como fin, a perder la práctica de tus liadas y a acabar en cualquier cenicero. Por ello, y más que nunca, es ahora cuanto pido que me leas, que desveles cada coma y desvistas cada punto, solo así lograrás desmentirte de todos aquellos escritos que fingías que no habías captado, porque el destinatario eras y sigues siendo tú. 

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