Cada vez estoy más convencida del dicho aquel que dice que 'las malas noticias nunca vienen solas' y de ese otro que afirma que los 'tenemos que hablar', ya sean de tus padres, hermanos, mejor amiga o de esa persona que logra que tu mundo, aparentemente insignificante, se convierta en un mar de revoloteos, jamas esconden algo agradable y, lo más habitual, es que tras ello comiences a descender una cascada en su estación más seca. Así, emprenderás el desgarre más doloroso tropezando una y otra vez con cada roca, resbalando continuamente con cada piedrecilla escurridiza, sin poder evitar hundirte en los tramos fangosos y, justo antes de llegar al manantial, cuando logres que éste entre dentro de tu campo de visión, que tus sentidos y demás órganos comiencen a desprender esa sensación placentera que ya ni recordabas, que tus ojos vuelvan a iluminarse e ilusionarse, volverá la lluvia, y seguirás cuesta abajo, esta vez un poco más leve ya que serás arrastrado por las aguas, pero seguirás cuesta abajo.
La única verdad, hasta entonces, es no tener en cuenta futuros acontecimientos hasta el instante de su alcance, no planificar, disfrutar de tus instantes de playa antes de llegar al terraplén y a las heladas. Porque cierto es también, que nada es eterno, ni lo bueno, ni lo malo, y eso compensa.
Compensa tanto como compensé esas noches en vela al escuchar una de mis canciones favoritas acostada sobre tu espalda. Como compensé cada trayecto al ser rescatada por tu mirada que me hipnotiza y sumerge en un mar de vetas verdes y amarillas. Como compensé cada cagada al ver esa sonrisa y no poder evitar romperme por dentro pensando que podría haber sido mejor. Como pretendo compensarte por cada desastre innecesario y cada disgusto y cabreo de los que fui culpable.
Ahora, tras haberme curado las heridas de las mil y una veces que tropecé por dicha cascada, de las mil y una veces que creí llegar a la playa cuando en realidad se trataba de un lago intermediario de aguas heladas, de las mil y una veces que me hundí en el fango, me hallo en mi propio playa, en la misma a la que pretendo llevarte dentro de algunos años, en la misma que no me imagino haber alcanzado sin tu ayuda.
La única promesa, hasta ahora, será no volver a defraudarte, puesto que siempre me ha gustado ser yo la que da más de lo que recibe, y no me lo estas poniendo nada fácil; pero, aunque no te percates, siempre habrá algo en lo que yo ganaré, por mucho que te pese. No pretendo malas interpretaciones, no estoy jurando cambios en mi persona, ni en mi personalidad ya que muchas veces lo intenté sin ningún éxito y vi que no funcionaba. Lo que si digo es que pienso darme de si hasta los más lejanos extremos con tal de no volver a ver una mirada de desastre en los únicos ojos en los que me he ahogado, en los únicos ojos en los que me he perdido, en los únicos ojos que no merecen dicho desastre, y mucho menos por unos inferiores como los de una servidora.
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