Sobre mi

martes, 16 de septiembre de 2014

Abierto plazo de reconstrucción.



¿Cuál es el mejor mes para las novedades? En enero algunos valientes preparan una lista interminable de metas y propósitos que desean realizar antes de que ese mismo año finalice -un contrarreloj que desvanece a las dos semanas-; otros muchos confían en que septiembre les sirva como motivación para lograr sus ansias de evolución -por aquello de que comienza un nuevo ciclo, supongo- ; los hay también que utilizan su propia fecha de nacimiento para invertirla en un sinfín de esperanzas, autoconvenciéndose de que lograrán todo aquello que no lograron con un año menos de edad -como si fuesen a madurar de la noche a la mañana
Sencillamente permítanme exponer mi opinión, ¿nunca se han levantado con la suposición de que se les presenta otro día más, un día vulgar de rutina, pero que, por una razón u otra, ha acabado siendo el día más maravilloso de toda la semana incluso mes? ¡Exacto! Soy partidaria de listas de méritos y metas, yo también era de las que prometía cambiar cada domingo y juraba no volver a lo pasado cada uno de enero, hasta que me di cuenta de la estupidez del tiempo y de que si no te gusta algo cualquier momento es bueno para darle la vuelta a tu vida. Admito también, que cuando percibes señales de terceros o vas conociendo facetas nuevas de gente, o simplemente gente nueva que cambia tus facetas, tanto la facilidad de conseguirlo como tus ganas aumentan y por ello he aprendido a leer entre líneas, a descifrar gestos y miradas y a desvincular manías y creencias absurdas adheridas a mi persona. 
He aprendido a no tener miedo de lo que se me presente, ni del presente ni del futuro; a buscar segundas opciones y convertirlas en primeras; y a que no volveré a dejar que sea un disgusto el que me quite las tonterías. 

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