Quizás algún día, cuando desvanezcan mis delirios y la vida logre arrancármelos de cuajo,
quizás algún día, cuando mis listas de sentimientos se venguen del karma y la balanza de mis súplicas deje de tambalearse y consiga estabilidad con mis metas,
quizás algún día, cuando me sienta capaz de dejar de esquivar tus miradas y de sobrecogerme con tu tono de voz,
quizás algún día, cuando deje de dolerme el pecho y de quemarme la garganta descifrando las estrellas para ver si al fin consigo la dirección de nuestro planeta de origen,
quizás algún día, cuando consiga aquella tegua que tantas veces pedí a la Luna y que esta se negó a darme por el miedo de que no vuelva a pasearme por ella en mis periodos de trance,
quizás algún día, cuando dejen de afectarme más las estaciones del año y el movimiento de los astros que las palabras sabias de mis progenitores,
quizás algún día, cuando el hambre de conocimientos absurdos para cualquier persona ajena a mis experiencias pueda traspasarse a simples curiosidades y no malgaste mis noches en ello,
quizás algún día, cuando deje de creer en los números y lo que corra por mis venas no sea un coctel compuesto de alcohol y desastres,
quizás algún día, cuando no me despierte pensando en café, cigarro y tus garras desgarrándome entre los primeros rayos de luz,
quizás algún día, cuando saque a relucir las cien mil carpetas de insomnios en tinta y los arañazos provocados por los mares,
quizás, y solo quizás, ese día consiga decirte todo lo que no te pude decir.
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