Conozco mis flaquezas y derrotas mejor que nadie, se de lo que carezco y el peso de mis excesos, se por qué y por quién pecaría; y juraría que esa lista no te incluía. Mentira, quedó demostrado. Igual de falso es aquello que la creencia de conocer mis gustos a la perfección y es que eres una jodida excepción y quiero que confirmes mis reglas.
Esas reglas que incluían un artículo prohibiendo el engancharme a más vicios de los ya adquiridos, esas reglas que prohibían los juegos de miradas por que entre tanto pilla-pilla siempre alguno acaba pillado y esta vez no me toca pillar a mi.
Conciénciate. Sé que no son tus intenciones pues tus actos no están más que en mi subconsciente, al igual que es este mismo el que los malinterpreta y se divierte a su costa.
No entiendes nada, mejor, eso pretendo.
El que me lo pongas imposible, deduzco que será eso, pero a este paso te transformarás en mi invierno personal, presa de tus heladas no sabré que responder y quedaré congelada entre tus gestos. No es hermoso, es cruel, es el yang que me devora. Hay terceros, deduzco. Terceros, cuartos y quintos implicados aunque quizás no sea eso la razón. Cabezota no soy y no peco de orgullosa, pero de gilipollas tampoco y soy más atenta de lo que supones.
Ahora miro al cosmos pues ya siento sus efectos secundarios, me viene de familia, lunática por vicio y herencia. Así no me hace falta adivinarte, solo esperar señales, no lo forzaré, no llegará y ya no lo quiero.
Desmontaré mis trazados por tus lunares la próxima luna llena.
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