Hoy, mientras la profesora de empresa se dedica a aburrir a sus alumnos hablándonos de las diferentes teorías empresariales como si en la vida nos hubiesen hablado de ellas (cosa que no es cierto) y algunos alumnos duermen, pocos atienden y otros muchos se dedican a sus teléfonos móviles haciéndola creer que estos son la herramienta para leer sus queridos apuntes desde la web, pero no, y yo me incluyo en este grupo. Con el móvil entre las manos, me entretengo leyendo un texto que ha sabido recopilar lo que me pasa contigo y aniquilar mis sentidos en tan solo una frase. No es capricho, no creo que sea deseo ni mucho menos amor, ni siquiera llega a afecto ni cariño, se trata de inspiración o, como dice la frase, es ese tipo de Él que, al recordarle, necesito escribir sin ni siquiera saber que decir.
Es curioso. Claro que lo es, por que pocas veces ha ocurrido antes. Seré más exacta, solo ha ocurrido una vez con anterioridad, solamente tuve un muso pasajero que ahora exclusivamente acecha cuando me acerco por sus tierras o cuando sus estados mentales se trasladan a mi mente. Aún así no es el mismo caso, ya te lo digo. De serlo, mi cabeza no podría evitar estallar cada vez que me encuentro en tus proximidades y no sucede. He aquí la prueba. Hay matices. Ligeros matices puesto que ambos lográis hacerme enloquecer con la misma técnica, ambos hacéis que me maree en vuestros vaivenes haciéndome perder el juicio, la cordura y la razón. Pero hay matices. No es tan salvaje, es más dócil pero también más frecuente, con lo cual no se si compensa. El primer sujeto solía ser exclusivo y por ello lo cogía con ganas a pesar de ser mi perdición y saber que acabaría delirando en el mar tras haber disfrutado unas escasas horas de su compañía; el segundo sujeto me abruma a diario, y Madrid cuenta con la desventaja de un clima frío de cojones en invierno que no me permite ahogarme a mi antojo. Pero en esta clase hace calor y cada vez más, aunque mi sistema nervioso diga lo contrario y no dejen de recorrerme mil y un escalofríos. Será un efecto secundario. La de empresa sigue a su puta bola al igual que el resto de las personas que rellenan los asientos de esta habitación y aún queda media hora de tortura. Continuaré el acto, el papel y el relato, seguramente también me de tiempo a dormir a pesar de llevar toda la clase soñando despierta y por ello pido no te inmiscuyas también en mis sueños -por lo menos hasta la próxima luna llena.
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