Soy de las que siempre se para cuando ve una moneda en el suelo y la
recoge, sin importarme los años de mala suerte en caso de que no este
cara arriba, sin importarme si su valor supera o no el color cobre, sin
importarme nada más que sus historias. Hablan de las monedas situándolas como las mayores viajeras del mundo. Dicen que van de mano en mano, bolsillo en bolsillo, cartera en cartera, trasladándose de las formas más oblicuas imaginadas, dando tumbos sin mas rumbo que la ida. Un mundo idóneo. Se desplazan sin sentir, desgarrándose de sus dueños temporales para aferrarse a nuevos jefes, todo ello sin trabajo, no les cuestan los vaivenes y se apuestan por bienes de menor valor y mundo. No se quejan, se pierden. Si hablasen.
En realidad no es tan perfecto, es frío, nómadas por defecto y no tendrán afecto por nadie, sin aprecio ni desprecio nunca cambian su valor, se devalúan en ocasiones por culpa de los mayores pero nunca con reproches. No hablo del dinero con avaricia, lo hago como admiradora de ese pasajero sin motor. Tirando de recursos metafóricos.¿Ya te ubicas? Solo pido conocer, conocimientos, curiosidades, descubrir, ser viajante, perdida. No tirar de ilusiones sino de recuerdos y experiencias. ¿Vendrías? Vendrías, y mientras te convenzo me imagino el ser turista por tu cuerpo, con las mismas normas y con las mismas ganas,
sin prisas,
sin maletas,
sin peajes,
inconscientemente dejo inaugurada la aventura.
Mis locuras llevan ya un mes con tu nombre.
sin prisas,
sin maletas,
sin peajes,
inconscientemente dejo inaugurada la aventura.
Mis locuras llevan ya un mes con tu nombre.
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