Siempre me pasa lo mismo cuando llego a estos límites,
como segundos antes de realizar un salto de puenting,
no se reaccionar,
la situación se me retuerce y los sentimientos se me enredan
me atrapan, pierdo movilidad
pierdo mi cauce,
pierdo el sentido,
pierdo el control
y escuece.
Luego vienen los porqués,
yo qué coño se por qué, ese es el problema
no estoy hecha para esto
ni para aquello,
ni para nada,
pero para esto menos aún y huyo,
y huyo,
y vuelvo a huir.
Te me atragantas,
me cuesta expulsarte y no es por que no quiera
juro haberlo intentado,
juro haberlo intentado más de una y más de dos veces
o eso creía
quizás no lo intenté demasiado bien,
quizás no tenía muchas ganas de intentarlo,
quizás disfrute sin oxígeno,
quizás eres más fuerte que yo.
No se por que no pude,
mis intenciones fueron como dardos a matar
con una meta clara,
directa,
estallando en un descarrilamiento feroz al ver como tus ojos me indicaban que la diana no estaba a mi alcance
que mi puntería era inferior
que soy una jodida indecisa y encima impuntual,
combinación letal para un ser tan sentido.
He dejado de intentarlo,
he desenterrado y reunido valentía suficiente como para colarme en la boca del lobo sin mirar atrás,
sin pensar en las mil y una Caperucitas que vendrán a dar por el culo,
sin pensar en los mil y un cazadores cuyas flechas y fichas perecerán por el camino,
y aun me sobra.
A pesar de todo hay algo que sigue sin encajarme,
suena demasiado bonito
toda rosa tiene sus espinas,
todo Titanic tiene su iceberg,
toda Pompeya tiene su Vesubio,
toda yo te tendré a ti.
Se que mis sospechas serán ciertas,
antes o después, más tarde o más temprano
antes o después, más tarde o más temprano
volveré a mis inicios,
volverá a no tener nada sentido,
volveré a tener vértigo y
volveré a tener vértigo y
volveré a desperdiciar las tardes de los lunes,
pero
seguiré yendo al oeste en busca de loros desubicados ,
seguiré bebiendo hasta la amnesia,
seguiré preguntándome estupideces que
seguiré respondiéndome con más estupideces,
seguiré odiando el frío
y
seguiré odiando el frío
y
la luna seguirá allí, retándome,
espero.
Será entonces cuando volveré a pedirte que la mires,
volveré a gritarte mi ausencia y a desgarrarme mientras me cuelgo de ella.
Será entonces cuando salga de la boca del lobo,
como pueda
y presiento que esta vez
el felpudo con el que limpie mis zapatos al salir no será otra cosa
sino yo.
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