Esos lugares sagrados que nadie más que tú sabe de su
existencia, ni conocen los motivos de tus huidas hacia dichos refugios. Esos
lugares donde los problemas parecen menos hondos y donde todo fluye sin
necesidad del resto, donde la burbuja de seguridad no se rompe jamás. Esos
lugares que conocen tus paranoias mejor incluso que tú mismo. ¿Cómo he dado con
dicho resultado? Siendo partícipe de ello. Los lugares de los que hablo no se
buscan, se encuentran. No es cuestión de dar con ellos sino de darte cuenta de
ellos, que siempre que algo perturba tu cabeza sobrepasando tus límites de
rayadas impuestos acabas en el mismo lugar. Desde allí recobras el control de
tus situaciones, tienes vistas exclusivas y panorámicas de tu mundo desde una
perspectiva inmejorable, desde todas las visiones posibles.
Ahí me hallaba yo aquella mañana de Noviembre, inaugurando
aquel mes de la mejor manera posible, llena de pintura roja, con las medias
rotas, la rodilla derecha desgarrada y un ciego del quince que no acababa de
desaparecer. El humo me sabía a poco, cada calada iba consumiendo lentamente
las pocas neuronas que sobrevivieron a la noche de ayer y seguía sin conseguir
acordarme de mis actos en el intervalo de tiempo que abarcaba desde las cuatro
a las seis de la madrugada.
Ahí me hallaba yo cada tarde de estrés acumulado por la mala
hostia que mis docentes y progenitores descargaban en mis espaldas, con el
pijama puesto y las zapatillas de Mickey, planeando alternativas y salidas para
salir ilesa de esa carrera contrarreloj, con la mente situada en el siglo XIX y
Descartes paseándose por los pasillos de mi cerebro tratando de resolver mis
mil y un sistemas de ecuaciones mientras Velázquez clasificaba mis oraciones
compuestas.
Allí me hallaba yo tras mis ataques de histeria
incontrolable provocados por los destrozos que algún que otro cabrón había
dejado en mis adentros, tratando de recomponerme sin generar ríos de angustias,
sin subidas de marea y evitando alzar bandera roja.
Y ya ves, ese jodido sitio tiene que tener algo de magia.
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