Sobre mi

martes, 23 de diciembre de 2014

Lo he superado, pero la próxima sin hielo.


Aquí estoy otra vez, con las mismas dudas que hace una semana pero con menos paciencia. No entiendo como sigo atormentada dando vueltas dentro de este bucle, no entiendo cómo me ha dado últimamente por complicarme tanto la cabeza cuando siempre me han dicho que soy de las que “todo le da igual”. Mis cojones.
He alcanzado el punto dónde la importancia que ha adquirido un componente ajeno a mi persona supera la importancia que le doy a mi propio culo, normal que me preocupe. Normal que me llene de dudas.
La cuestión es que no encuentro respuestas a estas nuevas preguntas que se me avecinan, y esta tormenta me está calando hasta los huesos. El eterno enfrentamiento entre mis miedos y mis carencias, que por una parte se complementan hasta el punto de tirarse los reproches a la cabeza con el único objetivo de matarse. Miedo de no estar a la altura, miedo de no ser tan perfecta como me pintas, miedo de no serte suficiente; es aquí donde aparecen mis carencias: carezco de imaginación fuera de los límites de la escritura, carezco de conocimientos para saber expresar mis sentimientos en el momento exacto y tengo miedo de carecer de capacidades para conseguir hacerte feliz, dándote todo aquello que mereces; porque lo mereces todo.
No es que te esté supervalorando,  te estoy dando la categoría que se merece alguien que ha conseguido, en menos tiempo que nadie, una posición en un sector de mi corazón en el cual nadie había entrado antes, por lo tanto es tu responsabilidad el explorarlo y el procurar no romperlo cuando des el portazo de salida; siendo mi responsabilidad el no perderte y hacer lo posible para que no te marches nunca. Pero somos unos putos irresponsables.
Me estoy quemando la garganta para igualarla al corazón y así tener porque quejarme. Ya sé por dónde van los tiros de eso que llamáis amor y preferiría que hubiesen dado en la diana en vez de haberme dejado el corazón, los ojos y el estómago hechos mierda. Intenso, sufrido y corto. No cumplo ni mis expectativas, no entiendo como no te diste cuenta antes, como no me di cuenta de que debo alejarme de estas catástrofes hasta que mi indecisión decida darme una tregua. A este paso acabaré con mis principios a finales de año y mandaré a tomar por el culo a todo aquel que muestre algo de afecto hacia mis adentros; y mira que no quiero.
El problema es que nadie me enseñó a hacerlo, y acepté muy rápido que el amor era cosa de Disney, por lo que nunca tuve la oportunidad de llevarlo a la práctica y claro, me acojono y no reacciono. No es porque no quiera, es porque no sé. El sentimiento está presente pero no sabe salir por sí solo, carece de representación externa y me consume lentamente mientras pretendo que me da igual, mientras arden mis castillos, mientras vomito a escondidas las mariposas que anidaste en mi estómago sin mi consentimiento.
Ahora solo me queda vagar a la deriva mientras espero soluciones que soy incapaz de buscar por mí misma y por si fuera poco, tampoco me dejo ver, me escondo entre mi nihilismo con el anhelo de salir adelante sin terceros, por si duelen, por si escuecen o por si matan. Eso ya se hacerlo yo sola.
Pido estabilidad cuando soy la primera en negármela, pido constancia cuando jamás la he conocido y pido coherencia desde el más sano de mis delirios. Te pido a ti. No finjo ser montaña rusa por que se me haría el trayecto corto y sería yo quién haría estremecer a la máquina. Poseo más bajones y subidas que cualquier tobogán y propongo el entenderme como deporte olímpico en el cual dudo poder entregar alguna vez siquiera una medalla de hojalata.

No hay más opciones, me siento débil y sin fuerzas para luchar, o me las das o me las quitas, no me desestabilices más. Veo futuro y no veo presente, que demencia más coherente para esta situación. No pido tiempo, porque es lo único que escasea y cuando lo posea sé que se deslizará entre mis manos a la velocidad de un ciclón, sin darme cuenta, sin darme prisa, y luego recogerlo no es trabajo para locos, ya estoy hipotecada hasta las cejas como para pedirle más treguas al puto universo. Lento, necesito ir lento y recapacitar, saber seguirme sin dudar pero sin superar la velocidad de mis latidos, me están adelantando, se me están atragantando, te me estas atragantando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario