Una de las frases más valiosa y que más me han repetido es la mítica de "la gente no cambia". Habiendo estado siempre en contra de dicha afirmación, evitando aceptarla a regañadientes y no queriendo admitir semejante crueldad como es el negarle la oportunidad de cambio a un ser tan torpe y tan dado a errar como es el ser humano, por fin me he topado con la solución y no vi más remedio que dar mi brazo a torcer, echar a un lado mi cabezonería, y darle la razón a esa jodida verdad. Pero añadiendo matices de mi propia cosecha.
Vale, puede que la gente no cambie, que si tu pasión es la cerveza no va a dejar de serlo por mucho que te empeñes, que si tu debilidad son los ojos verdes siempre acabarás perdida en su mirada por mucho que la evites y que si odias el frío no vas a ser feliz en Alaska por mucho que te abrigues.
Así que habiendo aceptado esto, evoluciona. Estoy dispuesta a negar el cambio, pero si que apuesto por la evolución y ahora no hablo de cerveza.
He sufrido evoluciones cuesta abajo y cuesta arriba mil y una vez y aún sigo sin llegar a la neutralidad. He tenido más fallos que aciertos, la he cagado en incontables ocasiones hasta llegar a perder mucho más de lo que jamás me podría imaginar pero he llegado a un punto donde todas esas cargas han acabado por cargarse mi estupidez y me han hecho reaccionar, he frenado en seco y ahora meto primera y cambio de sentido, estoy mareada ya de tanta rotonda. De los errores se aprende y yo tengo una saga entera por estudiar dónde la mentira era la protagonista que acaba comiéndoselo todo.
No pretendo cambiar, conservaré siempre esa pasión por la cerveza, seguiré perdiéndome en sus ojos verdes y quejándome a rabiar cada vez que el termómetro baje de 20º, pero sí persigo la evolución, ser más consciente de mis neuras y valorar cada oportunidad, que puede ser la última y ya me es suficiente con haberte perdido.
Sobre mi
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