Ayer intenté competir con este insomnio que lleva ya más de una semana acomodado en mi cama y volví a perder, por lo que tras un par de cigarros y unas quince canciones, me puse a revisar las mil y una carpetas de este ordenador con el objetivo de ser capaz de borrar algo y no tener tanta mierda encarpetada, o de que me entrase el sueño entre tanta palabra, otro fracaso. Pero recuperé algo de hace tiempo.
Diciembre, 2014.
Ayer se abrió un nuevo
bucle del cual creía haberme liberado ya. Volviste a mi cabeza y a mis noches,
desgarrándome cada sueño y haciéndome caer de nuevo en el insomnio más profundo
por tus versos. Ahora todo encaja, todas las piezas descartadas recobran su
sentido y su importancia en este puzle, pero tarde. Tarde, he tardado mucho en
darme cuenta, como siempre, y ahora mi corazón recorre otros cuerpos, aunque
siga viéndome incapaz. Todo ello no significa que me arrepienta, o que de haber
sido consciente con anterioridad hubiese cambiado mi forma de actuar, no
conseguirás desconcentrarme pues soy muy consciente de que estoy ganándole el
pulso a mi indecisión, con la ayuda de otros ojos. Porque si el tiempo decidió
que no fueses tú quien alcanzase mis posiciones más altas, aun pudiéndolo haber
hecho y quizás con mayor facilidad, supongo que será por algo, algo más allá de
tus guiños, y yo ni soy quién, ni estoy en condiciones de retarle al tiempo, ni
de volver al inicio de una partida aún sin resolver.
Mis objetivos son
firmes. Aunque sienta que será temporal, seguiré a la carga, cargándome con
todo contratiempo que ose interrumpirme o descolocar mis metas. Que ya fueron
muchos los escritos con tu nombre, que ya fueron muchas las descripciones
inexactas que redacté con mis miradas, que ya fueron muchos impulsos
reprimidos, que ya fuiste.
Apagó el ordenador y sus impulsos de enviar dicha carta, no
consideró necesario el remover más mierda. Necesitaba nicotina y poner en orden
su vida tras esta bomba que acababa de estallarle en la cara justo en el
momento menos oportuno del día. Cogió el tabaco de liar y se encendió un
cigarrillo. ¿Qué hubiese pasado si el alcohol no le hubiese jugado una mala
pasada? ¿Qué hubiese pasado si a la mañana siguiente se hubiese acordado de
todo aquello? Nada bueno seguro. El presente era un caos, pero el final
alternativo que su cabeza le estaba planteando era peor aún.
<<Él tiene a alguien, acéptalo y supéralo. Tú tienes a un hijo de puta que te acaba de dejar
por ser incapaz de demostrarle que le quieres y estas en frente de un ordenador
escribiéndole un email a otro hijo de puta, que encima te odia y con razón. Luego me piden
que sea coherente con mi vida>>.
Aún le quedaban más de la mitad de las vacaciones para olvidarse
de esta mala racha y un viaje por delante para conocer nuevos puntos de vista,
nuevos países, nuevos rincones. Aún le quedaba medio día para despejarse así
que se calzó unas zapatillas, diez euros y salió de casa, sin saber dónde ir,
sin importarle dónde acabar el día.
Tan imprevisible como ingenua, tan soñadora como mentirosa y
tan dulce como fría. Sabía que podría tener lo que quisiese, que podría comerse
el mundo sin ni siquiera tener que mancharse las manos ya que otros se lo
pondrían a sus pies, pero este mes se estaba tambaleando más de la cuenta y
comenzaba a dudar de sus capacidades, sintiéndose cada vez más pequeña y
desprotegida.
¿Cuándo cojones escribí yo esto? Mire la fecha y lo comprendí todo. Lo mejor de leer cosas de hace tiempo es eso, que son de hace tiempo y sabes que jamás volverás a escribir así porque las situaciones cambian y tu evolucionas a la par, darte cuenta de lo rápido que pasa todo, las vueltas que da la vida y lo bien que estoy ahora que he aprendido a no marearme.
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