Sobre mi

martes, 7 de julio de 2015

Hay que saber tener el caos en orden

   El problema no reside en el cambio si no en tu modo de adaptación hacia este. ¿Qué hay detrás de uno mismo? Ni puta idea, y de mi menos. 
   La verdad, no se estaba tan mal en el laberinto, no tenía opción a salida pero había logrado descifrar cada uno de sus rincones para llegar a abastecer mis necesidades a mi antojo. Era una especie de cajón desastre en el que sabía perfectamente que para encontrar el mechero tenía que levantar dos trozos de pizza, mover un par de sujetadores a la derecha, abrir el bolsillito pequeño de la mochila y elegir aquel al que aún le quedaba algo de gas. 
   Ahora que me han sacado del laberinto, que todo está ordenado, sigo buscando el mechero en el mismo sitio y no está, es más, ya ni quedan mecheros. Mis costumbres han sido alteradas al igual que mis justificaciones han sido impugnadas. El orden se las ha ido comiendo poco a poco y aunque se supone que eso es una meta que todo el mundo busca a nivel personal, profesional y demás, jode. Jode no por el hecho de estar retrocediendo sino porque ha venido todo demasiado rápido y mis reflejos se han ido entorpeciendo hasta el punto de perder. Mucho tiempo en desequilibrio logró que me acostumbrase a él y ahora que ya no cojeo no sé que zapatos ponerme. No sé como reaccionar, no estoy acostumbrada y claro, utilizo la más mínima oportunidad para desordenarlo todo otra vez, para poder concordar, porque yo sigo desequilibrada y aunque mantengo mi ideal de apoyar el cambio en las personas, he de admitir que no es trabajo para cualquiera, y menos aún para una lunática con carencia absoluta de fuerza de voluntad y cuyas teorías -no solo las sentimentales- se le están atragantando.
   Eh, pero que en el intento no quede, siempre es mejor vivir en una playa que en un puto laberinto.

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