Supongo que el hecho de volver al folio pesa cada vez más
pero no puedes pretender plantar semillas en vertederos y que salgan flores
sanas. Así que recoges tu mierda y te la tragas para seguir aparentando algo
que ni siquiera tú te crees. Fácil. Hasta que te obligan a creértelo y te
despiertas en el Edén, buscando la puta manzana porque tu mente te impide
aceptar el estado de éxtasis en el que te encuentras y necesitas caos, y un
folio.
Someter mi garganta a quemaduras de tercer grado y calmarlas
con ron no logró mis propósitos, porque tú eras más fuerte que eso, porque
contigo soy más fuerte que eso. Siempre que intentaba torcerme, pillar atajos o
caerme por barrancos y acantilados buscando la salida de este paraíso eras tú
la señal luminosa que me advertía del peligro. Cambiaste mi rumbo, en busca de un nuevo norte, sin tormentas de arena ni tornados que arrasen con todo cuando haya delante.
No te equivoques, no es de lo
evidente de lo que hablo, sino más allá. Esta vez mis razones para volver a la
escritura no son las mismas que de costumbre, esta vez es menos impulsivo, esta
vez es más eufórico. Ahora solo queda descifrar mis estados, mis extremos, o
aprender a aceptar que hay sentimientos que carecen de límites porque, por incontables que fueron mis vicios, tú te has convertido en mi única tentación.
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