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domingo, 22 de noviembre de 2015

Abdicar no entra en mis planes

Me encanta drogarme contigo. Ver como dejas tu mente al desnudo mientras me inundas con dudas existenciales y preguntas sin respuestas válidas para nuestras capacidades. Tratar de descifrarlo todo, desgarrarle el sentido a todo esto para acabar dándonos cuenta de que nada lo tiene menos el ahora y siempre.
En este mundo solo eres libre si nada te domina y eso es algo más que difícil teniendo en cuenta el hecho de que todo lo que nos rodea nos controla. Sexo, descontroladamente y tres caladas más. Pasear de noche por que los gatos son pardos y perdernos entre calles y cubatas donde nuestras pupilas se mutilen bajo las farolas. Más fuerte que el olvido a base de whisky, más feroz que el lobo de Caperucita y más soberbio que la vida misma; todo ello con los tacones puestos, sin paréntesis.
Lección tras lección el alumno perdió el interés y yo olvidé mis apuntes en alguna de las vidas que dejé atrás, pero sigo sintiéndome dominada. Sabio es aquel que mencionó todo esto años atrás, dejando volar sus advertencias, sugiriéndose como ejemplo hipócrita de un sentimiento jamás experimentado. Razón llevaba pero técnicas para el combate las justas, y más que aquellas fueron necesarias. Tantas que la rendición fue innegable, y su teoría inexacta, inacabada y refutable. Me presento como ejemplo y esa es mi única queja, abdicar no entra en mis planes. Llegar a nuestro destino siendo nosotros quienes devoremos el hambre al tiempo y recompensemos nuestros esfuerzos en el jacuzzi, e invitar a una orquesta de jazz para que haga de banda sonora.

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