¡Joder, que mareo! Me encanta el cielo así, azul intenso con
nubecitas blancas como el algodón. El sol me ciega y necesito agua pero existe
una fuerza superior que me impide realizar el movimiento.
Yo solo quería volver a ser cómplices, volver a emborracharnos
por las calles de Madrid, volver a esos misterios que nos desvelaba la luna más
intensa, volver a interpretar el humo de unos labios. Pero hace sol, y me encanta.
Llevo mucho tiempo sin escribir, sin saborear el placer de la lírica y sin
sentir el tacto de las palabras. Lo echo de menos, bueno...
Quiero volver a perderme en la intensidad de un sentimiento
para revolverme en sus palabras y darle la forma que se merece, quiero sentir
el miedo de revivirlo para descubrir que su fuerza sigue ilesa. Pero cuando
comienzas a priorizar, los vicios son los primeros en ser perjudicados y
distanciados; y cuando son vicios como estos, de los que enloqueces un poco
más, acaban reducidos a cuadernos viejos y carpetas de documentos que sabes que
jamás volverás a abrir.
No estoy diciendo que no vaya a volver, estoy diciendo que
ya no escribe, que ahora ella es feliz.
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