Vivo en nervio. No se como mantener la calma, en un segundo acelero mis sentidos hasta el extremo, acentúo el corazón hasta casi atragantarme mientras mi razón se va atenuando. Antes me mordía las uñas, luego pasé a vicios adultos. Más o menos ya no proyecto mi ira en actos impetuosos.
-Quién dijo que la realidad fuera esta.
Criticando mis defectos he llegado al gran descubrimiento de que la luna y el sol acaban necesitándose y yo, tan aturdida con los colores de la puesta de sol que se me hace utópico alcanzar el amanecer. No creo en el horóscopo, ni en bolas de cristal, ni en péndulos, ni cartas, ni karma; creo en que cuando el cielo inaugura su festival de nubes de algodón mi corazón da la vuelta.
Hay gente en ambos bandos, luego están las estrellas, las que jamás acabarías de admirar pero a las que la luz del sol impide brillar mientras esta actúa. Estas no son gente.
Lo adictivo de ello es el miedo, el no tener preocupaciones parece alterarme. Luego caigo en que la luna solo brilla gracias a el sol y mi corazón vuelve a girar.
Pero salgo a la ventana y me deslumbra.
El viento me calma y el sol nunca suele estar en las grandes ocasiones.
La luna esconde algo, yo la escondo a ella.
Lo siento, ahora mismo no manda nadie más.
No hay comentarios:
Publicar un comentario