Sobre mi

domingo, 19 de marzo de 2017

Hasta el ciego necesita sol.

Solo escribo en momentos bajos, no te quejes de mis dramas. A altas horas de la madrugada cuando la incertidumbre me rompe el sueño y la cabeza pesa más que el alma, las pesadillas me aturden y las palabras salen disparadas. ¿Existirá eso de vivir en paz?

El mundo cae una media de tres veces por semana y el sol solamente consigue cegarme. La verdad, que asco. En un día como hoy solo se me viene a la cabeza las largas horas en la playa intentando absorber cada lección que emanaba de tu boca mientras me protegías de los peces enormes que me acorralaban en aquellas aguas. Entre corales, cangrejos y estrellas de mar hallé mis mayores descubrimientos, puede que fuese ahí cuando el sol comenzó a cegarme.
Sigo analizando, me mantengo dando vueltas a algunos de esos momentos que consiguieron hacerme sentir bien, entera, y con algo más de valor.
Creo que debería partir de esas bases. Comenzar a cerrar mis puertas a aquello que me ata y no me deja sentir. Vivo en un círculo de sentimientos que me cansan, necesito renovar y descartar, dejar de infectarme con cadenas, dejar de ser feliz con condiciones, pasar a algo más.
Sigo sin ver respuestas y ahora me asusta el sol.

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