No podía dejar de correr, tampoco tenía destino, tan solo quería huir, sentirse libre.
Las huellas que dejaban sus ligeros y veloces pasos sobre la arena apenas dejaban seguir su rastro.
Nadie la seguía, nadie la quería seguir, nadie podía correr tan rápido; solo el sol podría atraparla.
Lo voy a hacer por mi,
necesito sentirme bien, me necesito a mi.
Traté de luchar contra lo imposible, pero cuando el sol alcanzó mis talones caí rendida a la orilla.
Quizás no lo estoy haciendo tan mal.
-Buenos días, ¿qué tan importante es para usted coger sitio que ni siquiera pasó por casa anoche?
-¿Cómo?
-Que comenzaré a colocar las tumbonas del chiringuito en cuanto usted se mueva.
-Perdone, y ¿hay café o algo así en su chiringuito?
-Si claro, yo invito...
...pero a cambio quiero su historia de anoche, ¿la paso bien?
-No se preocupe, llevo dinero.
-Miau. Entonces le contaré la mía. Hasta las 2 no conseguimos que despejase el chiringo por lo que...
Desconecté y decidí viajar con las gaviotas más madrugadoras. Ojalá volar a Ibiza con ellas, sentir el viento y dejarse empujar por él, nada que te obligue a bajar, siempre en las nubes.
.... entonces ¿por qué tan asustada?
-No es así, no le tengo miedo y disculpe si parece, me encuentro un poco cansada.
-De mi no obviamente, no soy tan horrible, asustada de usted. A veces sienta bien hablar con desconocidos, jamás juzgamos y sinceramente no me importa su vida, pero la vi curiosa.
-Puede ser,
¿alguna vez ha sentido que es capaz de llegar más lejos de lo que podría soportar?
-Siga corriendo, su café ha sido pagado.
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