Sobre mi

martes, 3 de enero de 2017

-1. Huir siempre se me ha dado mal

Empecé el viaje con ganas de evasión, buscando soluciones a traumas que aún no he llegado a aceptar y respuestas a pesadillas que aún se repiten. No se me da bien huir, no me caigo lo suficientemente bien como para aguantarme más de un par de horas, ahora al menos conozco ese hecho. 
Son las diez y sigo sin desayuno. Después de una noche de insomnio, de lágrimas descarriladas y falta de aliento y respiración qué menos que una buena dosis de cafeína. 
No sé qué hacer con los rusos, tendrías que haber venido conmigo pero el trabajo es el trabajo, me aburre todo este lujo sin nadie con quien destrozar la habitación por las noches. Menos mal que esta vez es solo cuestión de semanas.
Vuelvo a llamar a recepción y me dicen que en seguida llega el servicio de habitaciones pero yo necesito un café para poder levantarme de la cama. 
No lo hice nada mal. No tengo nada de lo que quejarme. Llevo una vida envidiable que no cambiaría por nada, con una excepción, qué pena que esté loca. 

Riiiiing, riiiing, riiiing
-Good morning Mario.  
-Where are you? Russians are almost here. 
-Great, if they arrive before I do just give them something to drink or to eat or whatever they want. Just keep them in the hotel, you know how to. I'll be there in an hour. I hope. 
-Boss but you were supposed to be ...

Que sí, que vale pero aún no me han traído mi café. Llevo media hora despierta y la lluvia no parece que vaya a escampar. Si por algo se caracteriza esta ciudad es por su clima de mierda, pero cada vez me molesta menos, lo bueno de que el buen tiempo ya no me haga feliz es que la lluvia ya no me retiene ese buen humor. Vivo en un estado neutro. Difícil de emocionar, no lo van a hacer cuatro rayos de sol mañaneros. No lo hacen. Hace dos semanas que no veo el sol. 

Toc toc toc

¡Por fin! Me cubro con el albornoz del hotel y unas zapatillas a juego. Me quedaría así todo el día, siempre me han gustado mis iniciales, quedan bien en cualquier sitio, además en seda queda mejor. Jamás pensé que llegaría tan alto. Bueno quizás sí, pero no tan fácil, solo tengo 25 años. Abro la puerta, y me enciendo un cigarro mientras repaso el proyecto de los rusos. Aun no sé si me convence y el café está más caliente de lo que esperaba. Cuando miro el reloj ya son casi las once... como no empiece a prepararme rápido comenzará la hecatombe. 
Salgo de la ducha y me visto a toda velocidad, un par de llamadas perdidas del pesado de Mario que no hace más que meterme prisa, al igual que mi cabeza, ansiosa por huir. 
Me calzo los tacones más altos, el vestido negro que me regalaste antes de venir y me recojo el pelo en una coleta alta. 
Cojo el bolso y salgo por la puerta. 

-Hey, I'm not sure if i'm going, but I'm sure you'll be ok. 
-Wait, what?
-I'll get you a beer tonight. Bye. 

No lo iba a conseguir. Ya estaban empezando a descontrolarse las lágrimas que sin sentido comenzaban a bajar por mis mejillas aterrizando en mi boca y nublándome la visión. El porqué, jamás conseguí descifrarlo. Necesito ir más rápido, meto sexta y alcanzo los 140. No quiero que empiece, otra vez no, llevaba tiempo sin pasarme durante el día y siempre es peor. Por la noche no hay que dar explicaciones, te mueres tu sola en tu mierda. Por el día hay obligaciones que cumplir y sonrisas que regalar, porque sí, no hay tiempo para euforias inexplicables. 
Cuando mis lentillas ya no son fieles ni útiles por el exceso de drama no me queda otra que buscar un destino o pegármela, pero tengo coche nuevo y un remedio para estas ocasiones, medicina alternativa a este amor que me ha dejado de psiquiátrico, un sitio que le haría sentirse rey hasta al más infeliz, pero que conmigo cada vez funciona menos, debería dejar de frecuentarlo. 

Llego al mirador pero parece que alguien ha tenido la misma idea que yo. 

Cuando todo a tu alrededor es perfecto menos tú, cuando tú eres la única que tiene el problema contigo, la solución parece algo totalmente irrelevante ya que exclusivamente me afectaría a mí, solo cambiaría mi vida y no estoy dispuesta a hacer ese esfuerzo, no compensa. La autodestrucción es el refugio y castigo de los grandes. Quizás por ello solo busco alternativas que me evadan de esos momentos en los que el problema consigue destruirme. Además hace ya hace demasiado que no te veo y, siendo tú la causa, las consecuencias son igual de nefastas. Insisto, que pena que esté loca. 
Fuera de mi sitio de pensar, viejo.


-¿Hola? ¿Bonsoir?
-Hola, ¿Qué quieres? –me contesta la señora. Juraría que era un hombre de espaldas, pero no, lleva un gorro muy confuso. En su rostro comienzan a asentarse algunas arrugas de expresión, rondará los cincuenta y pico. Labios pintados, pendientes enormes y una bufanda de visón, no es cualquier señora.
-Nada –que te vayas de mi sitio por favor.
-¿Y qué haces aquí si no quieres nada?
-¿Perdón? 
-No es la primera vez que la veo aquí y esta vez no la siento igual. –dice con un acento francés que me confunde bastante.
-¿Y usted quién es, qué quiere? 
-Un cigarro si es tan amable.

Le di un cigarro y me fui. No me gusta la gente que se cree más lista que yo sin conocerme y menos aun la que dice creer que me conoce, pero soy incapaz de negar un cigarro a nadie y esa señora del gorro consiguió que llegase a la reunión a tiempo, no sé como pero me dio fuerzas.
El mirador se encontraba tan solo a 10 minutos del hotel dónde iba a tener la reunión, y lo bueno de ser la jefa es que no pasa nada por llegar tarde, incluso en París.
Llego al hotel, aparco el coche y me limpio los ojos para intentar dejar de ser un mapache; cojo el pintalabios de emergencia de la guantera y me coloreo los labios de rojo. Como no, en la puerta se encuentra Mario, devorando Marlboro light y caminando de un lado para otro. Cuando me ve tira el cigarro y me sigue.

-Thank the Lord, I knew you would come. You are not as badass as you think you are, you know?
-Mario don’t be dramatic.
-That’s my job honey. I like your dress by the way.
-Don’t. Where are the Russians?
-First floor, room 3. Just arrived.
-Thanks.
-Beer still on?
-No abuses…
-Suerte chata.

Su español es una mierda, pero es el mejor secretario que podría imaginar. La verdad, no sé cómo me aguanta a mí ni cómo consigue hacerme la vida tan fácil. Su estrés me desestresa. Además su acento medio irlandés medio francés me resulta agradable. 

La reunión fue mejor de lo que esperaba. Conseguimos llegar a un acuerdo después de tres horas y bastantes gritos, HH acababa de adquirir dos joyitas en la zona y creo que todo el distrito XVI se había enterado de ello.
Los Rusos eran tres. A ella la conocí en el máster y siempre supe que estaría en mi equipo. Me llamó la atención su carácter y la energía con la que actuaba, también conocía sus ataques y sus formas de divertirse, pero jamás me imaginé que aquella venezolana hiperactiva acabaría en un trío con dos de los hombres más ricos de Rusia. Era la tercera reunión que tenía con ellos pero la primera en la que habíamos llegado a un acuerdo y no se había roto ningún mobiliario de la sala. Les gusta discutir con gente, ella paga sus carencias con mi vajilla de porcelana china y ellos sueltan puñetazos cada vez que ella les maldice en su idioma materno, pero esta vez los gritos fueros suficientes. 
Tenían más dinero del que necesitaban y se dedicaban a jugar al Monopoli, a mis hoteles les convenía.

Bajamos a recepción y les ofrecí una copa tras la reunión, ninguno la aceptó. En su lugar comenzaron a contarme lo bien que les iba su relación y que habían sustituido su consumo de alcohol y drogas por tres cachorros de San Bernardo. Me aburrieron y salí a fumar.