Sobre mi

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Soy de las que sí que se tatuaría el nombre o apodo de alguien querido.

Pongo objecciones a aquellos que lo asquean preguntando con chulería que haré con aquella marca cuando la relación se acabe o cuando alguien nuevo ocupe mi vida. 
Es simple, no haría nada. Absolutamente nada. Continuaría luciendo mi piel marcada por la tinta negra manteniendo el significado del sentimiento que algún día hubo. La razón es sencilla, si esa persona se mereció, en algún momento de mi vida, mi respeto, aprecio, cariño y amor, me dio apoyo y sustento, consejo o luz, si me hizo aprender y crecer como persona, por mucho que haya podido hacer para acabar con todo aquello, me quedo con lo bueno y dejo que me fluya. Sería el recuerdo de una etapa más, con sus pros y contras y no dejaría de sonreir al ver los puntitos de tinta y revivir cada momento. 
Más aún, el mero hecho de que decidiese pasar por las agujas para marcar mi piel habría de significar que esa persona no es una tontería, ya que tambien debo decir que no lo haría por cualquiera. 

Podrías verlo desde otro punto de vista desde el cual nadie se para a pensar, nadie pregunta que pasará si esa amistad, cariño o amor no se rompe nunca, si no acabas por los suelos con dicha persona sino compartiendo el resto de tu existencia, ¿qué pasaría entonces? Lo mismo. Luciría mi tatuaje con el mismo orgullo; solo que, en el suceso de que alguien llegue a preguntarme el significado del nombre tatuado, en vez de decir lo que aquella persona significó para mi, simplemente diré: "Es el nombre de mi acompañante de viajes"

lunes, 23 de septiembre de 2013

Altos requisitos de entrada.

En mi mundo huele a vainilla.

Es un mundo de filósofos puestos y poetas en las alturas, 
de preguntas sin respuesta y salidas sin oxígeno.

Allí se aprende a amar por encargos 
y se hiere por inercia.

Por ello solo hay meros transeúntes, 
por que todos saben demasiado.

Nadie quiere a nadie pero todos se necesitan, 
que al fin y al cabo viene a ser lo mismo.

Hay teorías sin comprobar 
y compras sin recibo ni IVA.

No se cuenta nada por el miedo a hacerlo realidad 
y su rivalidad es el tiempo, no equivalente en segundos.

Vertederos de musas y románticos con cientos de consumiciones por entrada. 

Mínimo dos vidas por alma
y el mínimo por alma son dos corazones rotos en mundos paralelos. 
Multiplica. 


Dicen que no aguantaría un día en el mundo real, y yo digo que no sobrevivirías una noche en el mío. 

martes, 17 de septiembre de 2013

Suma y sigue.

-¿Y tú eres?
-Helena. 
-¡Anda! Me han hablado mucho de ti, por fin tengo el placer de conocerte. 

Me pregunto en que se basa para decir que la "conoce" con apenas haberla visto diez minutos. Sí, vale, es una frase hecha, pero en qué estaría pensando el primero en ponerla en vigor y qué concepto tendría él de la palabra "conocer". 
No se puede conocer a una persona en una sola mirada, aunque muchas sepan como transmitirlo. No se puede conocer a una persona por un olor o gesto. No se puede conocer a una persona según como vista o hable, o quizás sí, pero no a ella. 
Ella era un reto perdido y un caso imposible. Poca gente creía conocerla y su ego era lo único que podía entenderla de verdad, por eso odiaba cada vez que, cuando tenía un día de esos que la gente normal llama "malos" -pero que para ella simplemente son días en los que no considera que el mundo merezca su sonrisa, que reclama un descanso y cambiar de pantomima- la llenaran de preguntas al modo: "¿Qué te pasa hoy? te conozco y se que te pasa algo". 
¿Sí? ¿De verdad la conoces? Bien. Ahorra saliva por que no hallarás respuesta, y si "la conoces" deberías saberlo. A preguntas estúpidas siempre la misma contestación: "Nada, estoy un poco cansada". 
Mentira.

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-¡Cuanto tiempo! ¡Casi ni te reconozco!
-¡Ya ves! Unos dos años sin verte, mas o menos. 

¿RE/conozco? ¿Acaso la has llegado a conocer alguna vez? O mejor aún ¿Acaso la conoces ahora?


-Te noto cambiada, ya no estas como antes ¿te has hecho algo en el pelo?
-Nose, quizás. Tú estas igual que siempre, en tu línea, que no es mala. 

¿Es una pregunta trampa? ¿No esta como antes porque se haya cambiado el peinado? No has acertado mucho. Era de ese grupo de personas que opinan que la gente nunca cambia a pesar de poder aparentarlo hasta que superó su meta. Aceptó cambio como sinónimo de evolución y ahí quedó liberada. La gente evoluciona, la gente cambia y ella no es una excepción. Añado la aclaración de que siempre para su propio concepto de bien, para alejarse del descarrile, para no hacer daño. Para no anclarse en situaciones sin destino. 

Entonces pues, y volviendo al concepto de conocer, ¿cómo se puede saber como es una persona con certeza si sufre evoluciones cada determinados periodos de tiempo? Si no vives en ella, si no vives en su mente, no puedes

-Me ha gustado verte, ¡hasta otra!
-¡A mi también! Hasta luego. 

Y se despidió con esa sonrisa tan característica, como diciendo "nunca me vas a conocer, no tienes ni puta idea de mi"

domingo, 15 de septiembre de 2013

"I should have bought you flowers and held your hand"

Hace dos días -puede que algo más- vi algo que consiguió mi asombro, me exprimió el corazón hasta casi desvanecerlo y retrocedí a la época aquella en la que el amor no era solo cosa de películas; vi a un hombre (y digo hombre por que cualquiera que realice el acto del susodicho es merecido del título de hombre) saliendo de su coche con un ramo de rosas rojas y una tarjeta en la cual pude apreciar un: "Para Ella" en un tono plateado. 
No fue envidia lo que sentí sino curiosidad, deseo de descubrir quien sería la afortunada que encontró un acompañante tal. Él no era nada grandioso en cuanto al físico se refiere, no era el tópico de hombre conquistador sino un joven alto, delgado, tatuado y con bermudas y calcetines hasta las rodillas, insignificantes detalles en cuanto a la importancia de su propósito, a la cual me refiero. Era un hombre valiente a juzgar por su decidida forma de caminar. Era un hombre valiente que llevaba un enorme ramo de rosas por la calle esquivando sin importancia las impertinencias ajenas tales como un: "¡Qué pringado! Yo no necesito esas mariconadas para follar" del niñato de turno que pasaba por la paralela sin darse cuenta de que quizás el propósito del ramo no era una noche de sexo, sino puro detalle desinteresado. 
Toqué fondo al oir la risa de mi amiga en contestación a la estupidez de aquel imbécil y su contribución diciendo: "Yo, si mi novio me regalase flores o un poema, le dejo". Bravo. 

¿Qué hemos hecho? ¿Cómo hemos conseguido darle ese sentido tan vulgar a una sentimiento tan fuerte como el amor? O peor aún. ¿Cómo es posible que pueda dudar de la existencia de este con tan solo dieciséis años?
Nos vendían el amor como algo incalculable, algo insostenible incluso para la persona más dura, algo incondicional, la razón de robos, asesinatos y descubrimientos, de enloquecimientos y trastornos, algo por lo que la gente daría la vida incluso sin quererlo, y supongo que sin quererlo también le dimos ese aspecto tan oscuro y vano, le restamos importancia al confundirlo con amistad, cariño, respeto y derivados, que no son más que las partes que en su totalidad formarían la definición de amor. 
Eliminé la posibilidad de su existencia tras esta situación inesperada, pero maldigo esta impotencia e incapacidad de no poder negar algo tan magnífico -o eso decían los creyentes. Detesto el haber oído esas frases y muchas otras descripciones del amor por ingenuos atontados (que no enamorados) de su pareja; y es por ello, quizás, que cada vez que realizo la pregunta :"¿Estás enamorado/a?" a una pareja y su respuesta es afirmativa, no puedo borrar esa sonrisa tierna y burlona de mi rostro, ni evitar imaginarme su concepto de dicho sentimiento. 

Es esta la razón, y ninguna otra, por la que soy una incrédula adolescente escribiendo pensamientos y situaciones pasadas desde el campo al atardecer, con la fe restante de encontrar mi propia respuesta a esa pregunta que tantas veces ha salido de mi boca, y que esta pueda sonar convincente. 



martes, 10 de septiembre de 2013

Miente, pero no te engañes.


¿Alguna vez has pensado que quizás lo que buscas no es tu ideal soñado sino su correspondiente pesadilla?
Bueno, yo sí, y resulta que en ese fondo me encontré más identificada que en la superficie e incluso me planteé que pasaría si dijese la verdad, aunque solamente fuese un día; y, claramente, ese sueño no quedaba bien. Perderme un instante el mundo inexistente donde nadie miente no sirvió de mucho, tras un par de horas acabaron por echarme y me convertí en aquel intento fallido del fin del que hablaban los Mayas. Visto lo visto, no sabemos ser sin estar (ni sabemos estar a secas) y el engaño es un arma que le viene grande a muchas personas, por ello no siempre llevo el revolver cargado cuando salgo de casa -a pesar de poseer un escondite inigualable para mis balas- y conozco las señales que indican el permiso de disparo. El fallo que me condujo a la expulsión fue tal vez el exceso de equipaje, llevar mierda en la maleta no está permitido si no estas dispuesta a enseñarla y mi carga superaba con creces el doble de mi peso. Acompañada de mis excesos y sus pesares me despedí y desperté del sueño deseando su pesadilla.

Rechazo absoluto y pérdida desastrosa; me desplazo a la verdad, desenmascarando mis azañas. Nada es más convincente que el hecho de creer en los opuestos -ni más bonito y estúpido. Creer que si tu sitio no es aquel mundo soñado, habrá que complementarlo y en ello me centro, puros complementos, y el complemento a mi sueño fue sencillo de encontrar, tan sencillo como abrir los ojos. No fue tan drástico como una pesadilla en sí, pero se le acercaba de forma suficiente. Ahí encontré complementos ilógicos como esa loncha de ibérico que añades al melón con el propósito de cambiar su sabor y viajar con el. Complementos ilógicos como la presencia de la luna llena en una noche en busca de oscuridad. 

Complementos ilógicos como tú y yo.

Pero esa creencia fue fácil de contradecir y ver desvanecer. Tan rápida como la caída de los EE.UU doce años atras tal día como hoy. Tan insuficiente como inconvincente, y ahí desemboco y descarrilo. No busques complementos cuando necesitas contrarios.  Volvamos a perderme en el mundo oscuro al que siempre he temido, dónde la verdad no existe y el tiempo es tan denso como la más espesa de las nieblas, donde nadie dice lo que realmente piensa pero todo el mundo se entiende a pesar de ello. Permisos de armas y licencias para matar sin ton ni son, los actos sin consecuencias y las consecuencias puestas. Admitida de forma mágica, mi equipaje y carga sobrante desaparece al contrarrestar con la del resto de sus habitantes. Apariencia desgarradora de almas decididas; piso puesto y trabajo. Pesadilla concedida. 

Aceptación y deseo, descubran mis referencias pues el tema acaba aquí. Abriendo mentes contesto a la cuestión, no hay que buscar lo que siempre llega, la atracción de opuestos no siempre es adecuada pero siempre mejor que pintar debilidades de colores para autoconvencerte de su belleza (seas cual sea tu caos). 





Sí, vuelvo a escribirte, ha sido un placer. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Don't be afraid of the big bad wolf.

<<En un acto tan sencillo como huir de casa impulsada por un vicio, me he dado cuenta de lo que es él, miedo; y podría definirlo como aquello que te impide sentirte libre, que te impide hacer lo que verdaderamente quieres por el temor previo y los remordimientos posteriores>>


Nunca he sido capaz de darle una descripción ni sinónimo, no he sido capaz de dibujarlo a pesar de verlo de vez en cuando, pero descartando mi ingenuidad y escasez de conocimientos, puedo mostrarte mi propio punto de vista y es tal que digo que el miedo podría verse dividido y modificado por nuestra propia conducta y capacidad; es por ello que a un niño de cinco años no le acechan los mismos temores que a un adulto de cincuenta o a un adolescente de diecisiete. 

¿De qué habla esta loca?

Veras, acosada por mi insomnio a las tres de la mañana me hallaba aburrida, hambrienta y helada perdida en un pueblo alejado de la mano de Dios (esa mano imaginaria que algunos dicen que existe -disculpen mi ateísmo) y no se me pasó por la cabeza ninguna idea mejor que calzarme una sudadera y unas alpargatas y darme a la fuga por un breve periodo de tiempo, pongamos que tan solo fueron algo más de cuarenta y cinco minutos. Bajé en silencio por las escaleras de piedras convirtiéndome, como cada noche, en el ninja más silencioso que puedas imaginar (más o menos). Obviando mi torpeza tuve que hacer un inciso en la cocina para calmar mi sed y seguir mi trayecto poco después. Puerta cerrada y llave en el bolsillo, aquí es donde comienza mi adivinanza.
Ni la luna quiso acompañarme aquella noche, se encontraría en peridodo de vacaciones y su luz fue sustituida por el sonidito de unos grillos y demás bichos que tampoco me parecían desagradables en aquellos momentos. Subí la calle y encontré una rampa a la cual si la alcanzaba la luz de una farola al otro lado de la acera y ahí me coloqué, saqué mi cuadernillo y la mezcla de aire fresco (y frío) y tinta me pareció inigualable. Fue pasados unos diez minutos cuando un instinto me llevó a bajar hasta la calle principal. Allí perdió todo el sentido y mi definición de miedo comenzó a escribirse sola
No era muy alto, pero si quisiese mirarle a los ojos mi barbilla tendría que colocarse en un ángulo de 180º, era moreno y con aire desamparado, rondaría los treinta, llevaba el brazo lleno de tatuajes y una pulsera de cuero se asomaba por el bolsillo de su pantalón, al igual que un paquete de pastillas. Había una mochila que supuse sería suya cerca de una moto (la cual también supuse que sería suya) repleta de discos de grupos sin remedio, de esos que te obligas a escuchar cuando andas escaso de casi todo. Buscaba algo, supongo que el mechero ya que sujetaba un cigarro con la boca. Durante los próximos cinco minutos me encontraba perpleja detrás de un muro, dudando si cederle mi mechero a esa alma corroída por el mono o si echar a correr. No era su persona lo que me asustaba sino la sensación de haberle visto antes, de conocerle, de no ser la primera vez que contemplaba su nerviosismo y su soledad incompleta, de haber sido importante y haber acabado por el barro.

Supuse que él era el miedo.

La impotencia de querer hacer algo que sabes que no va a llevarte más que al desastre. Tal que así, yo, mis pintas y mi mechero nos dirigíamos hacia él y ni una palabra se atrevió a encoger el momento. Vio como me acercaba en su dirección, me miró y él también sintió que nos habíamos visto antes, lo supe por que nada más ver mis intenciones de saciar su vicio tabacalero apresuró a esconderse ese paquetito de cápsulas blancas que asomaba de se bolsillo, como protegiéndome en caso de llegar a leer su receta y disgustarme tras ver que no se trataba del corriente ibuprofeno mundialmente utilizado como método antirresaca. Se encendió el cigarro sin apartar su mirada de la mía y nos sentamos, de la misma forma, en un banco de madera que se situaba justo detrás. Sin articular palabra lo fumamos por igual, como si ya lo hubiésemos hecho antes, como si siempre lo hiciésemos así; a la mitad del cigarro, acostumbrado me lo pasó y antes de consumirse le ofrecí la última calada. No sé, no pareció tan raro, pero lo fue. Con tan solo el sonido de los grillos de fondo se levantó y se dirigió hacia su moto rumbo a ni él tenía ni puta idea de dónde.
Así pues me levanté y regresé a la cama igual que como había salido de ella hace eso, poco más de cuarenta y cinco minutos. Sin nada más que dos páginas de mi cuaderno repletas de borrones incapaces de describir lo que era el miedo, por que por mucho que la gente diga, para mí esta noche, el miedo se fugó en moto.

Catasfróficamente, mi insomnio me guió hacia un paradero desconocidamente conocido, hacia esa sensación de haber vivido algo antes que sabía que era imposible que hubiese pasado. De la misma forma, de esa sencilla acción saqué un par de moralejas de un nivel tal como es el decir que apuntaré 'miedo' en mi lista de conceptos inexistentes, en el apartado de sensaciones creadas por nuestra mente perturbada que debemos superar sin dejar rasto, cual ninja en una noche de verano.

Aventura.

<<¡Ay! ve y dile que lo odio y lo detesto, 
por tener lo que fue mío, 
aunque el culpable he sido yo. 

Que hoy lo considero un enemigo, 
lamentando mi perdida, 
en la batalla por tu amor. 
Recálcale que no duermo de noche, 
imaginando que en el sexo, 
él te devora con pasión. 

Me falta valentía para admitirle, 
que a tu lado fui un chiquillo, 
y su hombría superó. 

Agrégale que hoy yo me revelo, 
envidioso, egoísta, 
impulsivo sin control. 

Creer que yo era el único al que tú amarías 
¡qué estúpido! 
fulano con el premio 
y yo el perdedor>>

Vivo más de noche que de día.

Magnífico,

como si de repente una luz verde  alumbrase tu vida y sujetase tu cielo, 
y tus noches,
y ese vicio lejano,
que se acerca al ritmo del sol más madrugador, 
dando por el culo desde las siete de la mañana, 
-descuida, quedan tres horas para el evento. 

Ya no te caes, 
te mantienes en pie, 
quieto pero firme, 
y hasta que caigas hay tiempo, aún. 

Aguánta y atiende hasta que la luz se apague y nos mande en busca de otra, que ya pocas quedan con este brillo. 

Sacúdela si parpadea y aferrate a ella cual yonki a su paranoia hasta desembocar en armas blancas. 


Magnánimo, 

como el cielo en plena noche de San Juan, 
hasta ese día en el que dejes de creer en las estrellas fugaces, 
que llegará, 
por que la inmensidad del universo condensas en tus pupilas; 

créeme, las estrellas no te hacen el mismo efecto. 

Pedante y prepotente como la brisa del mar a las cuatro y diez de la noche, se cree fuerte pero es frágil y aún que cumple su función, el frío es pasajero e inverosímil, nada que ver con la tirantez y el desgarro que posee el invernal. 

Desgastémonos hasta que se nos pase el efecto y la luz solar nos haga volver al mundo, 
el Sol ya conoce nuestras trampas y la luna cada noche se vuelve más cálida.

Quedémonos con ella hasta que a algún gilipollas le de por despertarnos.