Fumarte.
-¿Qué haces cuando se te quitan hasta las ganas de escribir?
-En esos casos suelo zambullirme en la piscina y dejar que el agua haga el resto, que limpie mi cabeza y ahogue la mierda.
-¿Y en invierno?
-En invierno ya veré, solía beber café hasta que mi organismo dijese basta, pero ahora que el insomnio me persigue buscaré alternativas. ¿Tú que haces en esas situaciones?
-Gimnasia, acabar tan machacado que no me queden ganas más que de dormir.
-Fumas.
-Es verdad, pero lo del gimnasio suena más bonito.
-Pero no hablamos de situaciones bonitas, y fumar es lo que te nace, inhalar mierda y, tras pasar por tus pulmones y subir hasta tu cabeza, expulsar el humo restante en el que deseas desaparecer.
-Lo dices como si fuese un arte.
-Fumar puede llegar a ser un arte si hablamos de ti, fumarte, lo lleva escrito.
-El sentido bohemio y nihilista de tu tono, eso es lo que hace que se convierta en arte.
-Yo tan solo repercuto el sentido que tú me das.
-¿Esa es la impresión que doy?
-Hoy no has sido tú, sino la forma de fumarte ese cigarro. Cada vez conozco mejor tus vicios y el hecho de que inhales por la izquierda de tus labios mientras sujetas el cigarro, que no lo sueltes; y la forma de tirar la colilla, con rabia, como despreciando algo que te ha dado, posiblemente, los tres únicos minutos de placer del día.
-Tengo más cigarros, no serán los únicos tres.
-No serán iguales.
-¿A no?
-No, los fumarás sin compañía, sin estímulos condicionantes, sin límite de tiempo y, apostaría que con alguna canción de rap poética con dobles sentidos y bases suaves, esas que te gustan, vaya.
Buenas noches.
-Siempre te vas en los peores momentos, yo también se exactamente cómo te sientes con solo mirar la expresión que tus ojos me dan, el color de tus uñas o de tu collar y aún así no acertaría si apuntase a tu nivel de conceptos.
-Quédate el mechero, hasta pronto.