Sobre mi

miércoles, 28 de noviembre de 2012

¡Pum!

Con solo un mes hasta que llegue el fin del mundo me dispongo a confesarte lo inconfesable. Bueno, sin exagerar tampoco, digamos que llevo tiempo con presiones internas y ganas varias de aflojar provocadas por sensaciones desconocidas por mi, mi cerebro y demás. 
Sensaciones que te obligan a ser guardadas, o eso crees; por que en el fondo te están pidiendo a gritos que las sueltes, las saques, las dejes 'flotar, solo flotar y flotar como el viento' como dice el colega Darok. ¿Consecuencias de esto? Pues habrá, seguramente habrá, como de la gran inmensidad de las cosas que hacemos. Pensar en ellas no lleva a ninguna parte. Mejor, sin duda, es dejarlas de lado y, sin frenos ni obstáculos, todo recto para adelante. 
Hablar de repercusiones a estas alturas de la noche no debe ser muy sano, pero aquí estoy; tampoco soy la mejor opción para decidir lo que es sano o deja de serlo y en esas cuestiones sanitarias soy del todo inexperta, para variar. 
Algo tengo claro, mejor fuera que dentro; llevando tiempo sin acudir a la escritura como método de relajación y habiendo pasado una semana terrible entre ojeras y sin café, el hecho de tener mañana un examen (para el cual no estoy ni medianamente preparada) me importa menos que el ignorante que tengo como ex compañero de viajes. 
Conclusión. No te agobies, hazme caso. 
Dejar claro que hasta que no se me ocurra el modo de despedirlas, esas sensaciones -o sentimientos, como más te guste- los seguiré guardando en el cajón de mis vicios. A ver si me duran hasta el fin del mundo, que ya no queda mucho. 
Ah, de no llegar esto a ocurrir (no es que dude de los mayas, pero todo puede pasar) igual y salen disparados en un arrebato de rabia descontrolado, proporcionado por la estupidez humana u otras causas varias que llevan a la desesperación absoluta y al caos. 
Seguiremos informando. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

sábado, 10 de noviembre de 2012

Sumergido.

Que difícil puede llegar a ser estar cayado, guardar el silencio, enmudecer.
No poder, o no saber como decir todo eso que sabes que te esta devorando lentamente y que avanza sin remedio alguno. 
Que nunca te dejará, algo que llevas tan dentro como el primer amor, já. 
Ni sumergiéndote con tres bombonas de oxígeno aguantas lo necesario para alcanzarlo sin ahogarte y, arrancarlo.
-Nunca he dicho que no te quiera.
+Ya lo se, pero tampoco me has dicho que lo hagas.
-Siempre le buscas tres pies al gato.
+Todo sería más fácil si me dieses la razón por la que no quieres que estemos juntos.
-Lo nuestro es como un coche mal asegurado, no cubrimos daños a terceros, enana.
+No se si reírme o llorar.
-Ríete, estas más guapa.