Sobre mi

domingo, 23 de noviembre de 2014

Cazamariposas

He sufrido episodios de desdicha, en los que mis capacidades han perdido valor lírico, ¿será verdad aquello de que la autodestrucción resulta indispensable a la hora del arte, o seré una gilipollas más a la que le asustan los nuevos sentimientos que se me están viniendo encima?

Supongo que no se podrá elegir ambas, y puestos a elegir me quedo con la indecisión.
Supongo que mi único temor restante es que las mariposas de mi estómago acaben comiéndose a las de mi cabeza, que mi muso emigre a otros cuerpos dónde también se le reclame, que la incompatibilidad del frío externo y mi calor corporal terminen por estallar y acabe todo hecho un jodido desastre. Hasta entonces solo fluyo, evitando el desarme  y las detenciones mentales que cada día son más frecuentes, evitando recaídas, suprimiendo vicios secundarios y sustituyéndolos por otros de mayor valor. Mientras no me falten ganas seguiré alimentando a esos insectos que se han acomodado en mis entrañas, a pesar de no saber cómo se hace, pues nunca he sido sorprendida con su presencia anteriormente, o por lo menos no con esta intensidad. Ahí seguirán, hasta que evolucionen en dragones y acaben por devorarme, o me escupan mis defectos a fuego para quemarme hasta las pestañas justo cuando aprenda a amar el invierno, justo cuando empiece a acomodarme entre sus vientos gélidos, a entregarme a sus heladas y a exprimir sus nubes al amanecer para llegar viva hasta el ocaso. Entonces sumergiré mi garganta hasta quedarme tiritando y sin voz, por congelamiento vocal, se me acumulará la escarcha entre mis vértices. Será como la hecatombe del muñeco de nieve con complejo de tormenta tropical o como el nómada al que conviertes asentándole entre tus sábanas para luego reclamarle una hipoteca.


¡Qué viva el optimismo, joder! No todo tiene porque acabar sucio, a pesar de que mis películas favoritas sean aquellas con un final más descabellado, la de Hércules acaba bien. La próxima vez que me deleite, procuraré que no se me olvide pedirle la dirección de la tienda dónde compró su cazamariposas, pediré garantía, y hablaré seriamente con Pena y Pánico para que no rompan más hechizos.  

miércoles, 19 de noviembre de 2014

He encontrado y descifrado la magia de los rincones secretos.

Esos lugares sagrados que nadie más que tú sabe de su existencia, ni conocen los motivos de tus huidas hacia dichos refugios. Esos lugares donde los problemas parecen menos hondos y donde todo fluye sin necesidad del resto, donde la burbuja de seguridad no se rompe jamás. Esos lugares que conocen tus paranoias mejor incluso que tú mismo. ¿Cómo he dado con dicho resultado? Siendo partícipe de ello. Los lugares de los que hablo no se buscan, se encuentran. No es cuestión de dar con ellos sino de darte cuenta de ellos, que siempre que algo perturba tu cabeza sobrepasando tus límites de rayadas impuestos acabas en el mismo lugar. Desde allí recobras el control de tus situaciones, tienes vistas exclusivas y panorámicas de tu mundo desde una perspectiva inmejorable, desde todas las visiones posibles.

Ahí me hallaba yo aquella mañana de Noviembre, inaugurando aquel mes de la mejor manera posible, llena de pintura roja, con las medias rotas, la rodilla derecha desgarrada y un ciego del quince que no acababa de desaparecer. El humo me sabía a poco, cada calada iba consumiendo lentamente las pocas neuronas que sobrevivieron a la noche de ayer y seguía sin conseguir acordarme de mis actos en el intervalo de tiempo que abarcaba desde las cuatro a las seis de la madrugada.

Ahí me hallaba yo cada tarde de estrés acumulado por la mala hostia que mis docentes y progenitores descargaban en mis espaldas, con el pijama puesto y las zapatillas de Mickey, planeando alternativas y salidas para salir ilesa de esa carrera contrarreloj, con la mente situada en el siglo XIX y Descartes paseándose por los pasillos de mi cerebro tratando de resolver mis mil y un sistemas de ecuaciones mientras Velázquez clasificaba mis oraciones compuestas.

Allí me hallaba yo tras mis ataques de histeria incontrolable provocados por los destrozos que algún que otro cabrón había dejado en mis adentros, tratando de recomponerme sin generar ríos de angustias, sin subidas de marea y evitando alzar bandera roja.

Y ya ves, ese jodido sitio tiene que tener algo de magia.


lunes, 10 de noviembre de 2014

Eres un deporte de riesgo.

Siempre me pasa lo mismo cuando llego a estos límites,
como segundos antes de realizar un salto de puenting,
no se reaccionar,
la situación se me retuerce y los sentimientos se me enredan
me atrapan, pierdo movilidad
pierdo mi cauce,
pierdo el sentido,
pierdo el control 
y escuece.

Luego vienen los porqués,
yo qué coño se por qué, ese es el problema
no estoy hecha para esto
ni para aquello, 
ni para nada,
pero para esto menos aún y huyo,
y huyo,
y vuelvo a huir.

Te me atragantas, 
me cuesta expulsarte y no es por que no quiera 
juro haberlo intentado, 
juro haberlo intentado más de una y más de dos veces
o eso creía 
quizás no lo intenté demasiado bien,
quizás no tenía muchas ganas de intentarlo,
quizás disfrute sin oxígeno, 
quizás eres más fuerte que yo.

No se por que no pude, 
mis intenciones fueron como dardos a matar
con una meta clara,
directa,
estallando en un descarrilamiento feroz al ver como tus ojos me indicaban que la diana no estaba a mi alcance
que mi puntería era inferior
que soy una jodida indecisa y encima impuntual,

combinación letal para un ser tan sentido.

He dejado de intentarlo,
he desenterrado y reunido valentía suficiente como para colarme en la boca del lobo sin mirar atrás,
sin pensar en las mil y una Caperucitas que vendrán a dar por el culo, 
sin pensar en los mil y un cazadores cuyas flechas y fichas perecerán por el camino,
y aun me sobra.

A pesar de todo hay algo que sigue sin encajarme,
suena demasiado bonito
toda rosa tiene sus espinas,
todo Titanic tiene su iceberg,
toda Pompeya tiene su Vesubio,
toda yo te tendré a ti.

Se que mis sospechas serán ciertas,
antes o después, más tarde o más temprano
volveré a mis inicios,
volverá a no tener nada sentido,
volveré a tener vértigo y
volveré a desperdiciar las tardes de los lunes, 
pero 
seguiré yendo al oeste en busca de loros desubicados ,
seguiré bebiendo hasta la amnesia,
seguiré preguntándome estupideces que
seguiré respondiéndome con más estupideces,
seguiré odiando el frío
y
la luna seguirá allí, retándome,
 espero.

Será entonces cuando volveré a pedirte que la mires,
volveré a gritarte mi ausencia y a desgarrarme mientras me cuelgo de ella.

Será entonces cuando salga de la boca del lobo, 
como pueda
 y presiento que esta vez 
el felpudo con el que limpie mis zapatos al salir no será otra cosa
sino yo.


domingo, 2 de noviembre de 2014

Amantes a oscuras.

Cuenta una leyenda china la historia de dos amantes que jamás logran reunirse. Se llaman Noche y Día. En las horas mágicas del atardecer y el amanecer los amantes se rozan y están a punto de encontrarse, pero nunca sucede. Dicen que si prestas atención puedes escuchar sus lamentos y ver el cielo teñirse del rojo de su rabia. La leyenda afirma que los dioses tuvieron a bien concederles algún instante de felicidad y por eso crearon los eclipses, durante los cuales los amantes logran reunirse y hacer el amor. Tú y yo también esperamos nuestro eclipse. Ahora que hemos comprendido que ya nunca volveremos a encontrarnos, que estamos condenados a vivir separados, que somos la noche y el día.

Dime que tú también nos reconoces.