He sufrido episodios de desdicha, en los que mis capacidades
han perdido valor lírico, ¿será verdad aquello de que la autodestrucción
resulta indispensable a la hora del arte, o seré una gilipollas más a la que le
asustan los nuevos sentimientos que se me están viniendo encima?
Supongo que no se podrá elegir ambas, y puestos a elegir me
quedo con la indecisión.
Supongo que mi único temor restante es que las mariposas de
mi estómago acaben comiéndose a las de mi cabeza, que mi muso emigre a otros
cuerpos dónde también se le reclame, que la incompatibilidad del frío externo y
mi calor corporal terminen por estallar y acabe todo hecho un jodido desastre.
Hasta entonces solo fluyo, evitando el desarme
y las detenciones mentales que cada día son más frecuentes, evitando
recaídas, suprimiendo vicios secundarios y sustituyéndolos por otros de mayor
valor. Mientras no me falten ganas seguiré alimentando a esos insectos que se
han acomodado en mis entrañas, a pesar de no saber cómo se hace, pues nunca he
sido sorprendida con su presencia anteriormente, o por lo menos no con esta intensidad. Ahí seguirán, hasta que
evolucionen en dragones y acaben por devorarme, o me escupan mis defectos a
fuego para quemarme hasta las pestañas justo cuando aprenda a amar el invierno,
justo cuando empiece a acomodarme entre sus vientos gélidos, a entregarme a sus
heladas y a exprimir sus nubes al amanecer para llegar viva hasta el ocaso.
Entonces sumergiré mi garganta hasta quedarme tiritando y sin voz, por
congelamiento vocal, se me acumulará la escarcha entre mis vértices. Será como
la hecatombe del muñeco de nieve con complejo de tormenta tropical o como el
nómada al que conviertes asentándole entre tus sábanas para luego reclamarle
una hipoteca.
¡Qué viva el optimismo, joder! No todo tiene porque acabar
sucio, a pesar de que mis películas favoritas sean aquellas con un final más
descabellado, la de Hércules acaba bien. La próxima vez que me deleite,
procuraré que no se me olvide pedirle la dirección de la tienda dónde compró su
cazamariposas, pediré garantía, y hablaré seriamente con Pena y Pánico para que
no rompan más hechizos.