Sobre mi

sábado, 14 de diciembre de 2013

Dicen que si escuece...


Dicen que si escuece es por que se está curando, pero nadie ha mencionado nunca que ocurre cuando ese escozor dura más de lo que puede algo tardar en sanar, pongámosle dos años hace.
Dicen también que donde hubo fuego, quedan cenizas, pero he visto casos de cenizas convertidas en polvos que no es (s)exactamente igual y ese matiz es por lo que acabo helando.
Añado aquí que un mudo le dijo a un ciego eso de que una mirada dice más que mil palabras.
Me atrevo entonces a escribir, que lo dicho en boca no atiende a particulares y animo a la invención de nuevas teorías de este calibre para poder así provocar su propia contradicción.

Volviendo a donde escuece.
Quisiera ser la autora de tus miradas y la referencia de tus vicios, protagonista de tus desvíos y cazadora de tus inquietudes. Sabiendo de mi exigencia y de tu ruindad propongo el trato de no volver a los atajos sin antes pasar por la señal de salida. ¿A qué viene esto ahora? Fácil, cada cosa tiene su momento y me pierden los equívocos. Un corazón digno no es aquel que actúa a conciencia, pues de la prudencia hablaríamos en dicho caso, y jamás he odio a nadie un: "Te quiero con toda mi prudencia". No es amor (ya que no soy partidaria de su existencia en mí, como particular), sino carencia aquello que me despierta, es la falta de ternura en mi persona lo que me empuja. Culpa mía, mil perdones. Algún día mejoraré, aunque debo decir que no sé qué tipo de vida sería sin mis juegos y guiones, sin mis cuerdas y ataduras con las que manejo mis desastres y es por eso que me encuentro hambrienta y descalza.

Volviendo a donde quema.
Cada día más inútil y a tomar por culo, sigue escociendo. Debería aprender a no desprender, debería participar en una campaña de esas de reciclaje que te enseñan que hay personas que no son de usar y tirar y que pueden usarse una vez que te las has tirado. Tan fría como mis manos, mil perdones de nuevo, y quizás sea por eso que soy incapaz de encender mis propios fuegos, por que nadie me ha enseñado jamás a valorar la belleza de un incendio y todo lo que toco se acaba convirtiendo en polvo, que no ceniza; o puede que mi torpeza, en cuanto a la piromanía se refiere, la haya obtenido de mi habilidad para hacer desaparecer mecheros, y sea por eso que ninguno de esos "mecheros" ha conseguido convencerme y prenderme con su llama evitando así mi desprendimiento y pérdida posterior. 

Valorando mi miopía y tu escasa palabrería, acabaré escribiendo en braille al son de tus lamentos. 

domingo, 8 de diciembre de 2013

Aquí esta la Navidad.

Siempre he dicho que me encanta la Navidad y que si soy capaz de resistir al frío del invierno es con el único motivo de alcanzar estas fechas, pero aquí estoy, perdiéndome en la nada mientras mis padres y mi hermana montan y decoran los adornos de Navidad. Me encantaría estar con ellos pero no me veo capaz, este año no me merezco el placer de colocar la última estrella en lo más alto del abeto; la ilusión pasada provocada por esa sensación ya no sería la misma y odio fingir dicho sentimiento. No pretendo ser tan fría como estas fechas pero el calor de la chimenea ya no es tan efectivo en mi persona y me conforta más el humo del cigarro que el de los troncos quemados a modo de lumbre aunque sigo prefiriendo su olor. Destaco, eso sí, que una Navidad sin techo (en el sentido familiar de la palabra) o con uno ajeno a tu persona podría arrasar con todo; y quizás fue eso mi raíz, sin embargo pretendo recomponerla. 
Me viene ahora a la mente, que aunque congelada por los escasos grados que ciñen este paisaje aún funciona, una escena que me contó mi yayo. 

Su padre, cada Navidad, acogía a una de esas personas con más hambre que espíritu para que les acompañase en la cena de Nochebuena ya que su moral le decía que uno de los castigos más crueles de estas fechas era no contar con el sabor del pavo recién hecho para cenar. Tal que así colocaban un plato extra en la mesa, sin importarle el tener una boca más para cubrir, que digo yo que por aquel tiempo (os hablo de mi tatarabuelo, situado más o menos a comienzos de la guerra civil) eso era algo que solo el paso de una mirada de desamparo a una de gratitud y satisfacción combinada con felicidad podía pagar. 
Tras la cena un vaso de vino, un alma satisfecha y un amigo nuevo. 

Y eso me falta, la esencia -y no hablo en términos navideños- aunque supongo que volverá el momento en que el maravilloso sabor del turrón de nata y fresa supere mi paladar, o puede que no.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Diez de cada siete.

Lo venían anunciando desde hace varios meses y aún así mi terca inteligencia no supo verlo venir. Ahora me hablan de tiempos mejores y yo sigo anclada en lunes (siendo hoy miércoles -según mi ordenador). Es estúpido pensar en soluciones, sobretodo teniendo en cuenta que mis obligaciones actuales están muy lejos de mis verdaderos actos y preferencias, y el "ya lo haré luego" últimamente acaba convirtiéndose en un "ya lo haré nunca", y no funciona así. 
El Español piensa bien pero tarde y más vale tarde que nunca; ahora, ese nunca soy yo.
Repetitivo.
Por eso de que no doy nada por perdido y de que si te organizas hay tiempo, me inundo y lo retomo. Todo igual, y que sirva como ejemplo. No hay objetivos válidos si tu meta es indefinida y eso ocurre, capricho e incertidumbre, tomando como bueno todo aquello que no haga daño, que hoy en día es poco, y como malo aquello que quema. Derivar un queriendo en riendo y que acabe hiriendo, en ello se basa todo. Que la tranquilidad te acompañe por que vas contrarreloj y la ansiedad se asoma de vez en cuando para ver si te pilla desprevenido, no la dejes y lleva un mechero contigo.



domingo, 6 de octubre de 2013

Peces y aviones.

Calma y descubrimiento. Velocidad y destreza. Adentrarse en el mar a bordo del Boing más descomunal o surcar los aires a través de un pez espada. ¿Qué opinas de mis nuevos abismos tu que conociste el caos y desorden más absoluto de mis entrañas? Siéntete culpable.

Desde tu ausencia solo me queda café y desgarro. Te llevaste casi todo lo restante, incluyendo el por qué de mi enfriamiento y mi búsqueda de calidez, que no calidad. Ahora tu cuerpo encuentra estados en mi subconsciente que aterrarían al más temido de los mafiosos; y vuelve a sentirte culpable. Mi estado de nerviosismo, ese que confundías con un mal día, también te lo llevaste, y es por eso que ahora pongo nombres a mis peces y no a mis ideas; que hago tesis con las estelas de los aviones y las titulo con el destino de su trayectoria, y no la mía. Mi asombro por lo inusual ha sobrepasado su cauce y todo y nada me sorprende, se han desbordado mis expectativas y finjo el desamparo. Ese anhelo por lo imposible, menos mal que lo supe cuidar y aprendí a distorsionarlo y moldearlo a mi manera, y no a tu cuerpo como antes. La esencia también la acaparé antes de que me la extorsionaras, pero ya no es tan fuerte, ya no puedes apreciarme a kilómetros, ni rastrear mi cuello con un solo respiro. De otro no, de otros puede, y si te suena corriente o vulgar siéntete culpable de nuevo. 
No me malinterpretes, busca en tus bolsillos, y cuando encuentres aquel mechero que me intercambiaste por un par de respiraciones agitadas, verás que no soy yo la que te está echando las culpas. 

viernes, 4 de octubre de 2013

Conversaciones con la luna. Vol. 2

Hace mucho que no hablo con ella y aunque esta noche no sea la más apropiada ya que no está totalmente despejada y las nubes disimulan parte de su luz, aún así se que está. Supe que esta noche sería de las suyas, de las que es capaz de relucir y deslumbrar ciudades enteras, lo supe desde las nueve de la mañana, en el momento en el que se rompió el autobus e hice el amago de llegar tarde a un examen de geografía física. Despues de atascos de intelecto con un final de suspenso mi fin ha actuado a corde con la astronomía propia del día, y echo las culpas a la esfera blanca que me ilumina esta noche. Me enseñaron que no es correcto eso de culpar a agentes secundarios de las catástrofes propias; pero, aunque mi padre no sea un hombre lobo, me vienen por herencia las desdichas y cambios de humor, la inestabilidad en los días de luna llena y la capacidad de percibir cuando se acercan los hundimientos. 
Supongo que todo esto remonta a su figura, y al supuesto de que sería la única ventaja de la jornada: admiración y deseos. El atontamiento de su luz que me descifra la mejora. Por incrédula admito que no reconozco y me niego a pensar que alguien tan atroz como el hombre haya marcado sus huellas en tan perfecto relieve, al igual que cancelo la idea de que una luz tan potente no sea propia sino del egocéntrico sol, que no conforme con acaparar el día, sea capaz de hechizar la luna y cautivarla con sus rayos. 

-No me andaré más por las ramas, hija de la gran... Luna. Aprecio tu presencia del mismo modo que desprecio tus efectos y pido con objetivo de tu escucha que suavices tus poderes en tu próxima visita. 

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Soy de las que sí que se tatuaría el nombre o apodo de alguien querido.

Pongo objecciones a aquellos que lo asquean preguntando con chulería que haré con aquella marca cuando la relación se acabe o cuando alguien nuevo ocupe mi vida. 
Es simple, no haría nada. Absolutamente nada. Continuaría luciendo mi piel marcada por la tinta negra manteniendo el significado del sentimiento que algún día hubo. La razón es sencilla, si esa persona se mereció, en algún momento de mi vida, mi respeto, aprecio, cariño y amor, me dio apoyo y sustento, consejo o luz, si me hizo aprender y crecer como persona, por mucho que haya podido hacer para acabar con todo aquello, me quedo con lo bueno y dejo que me fluya. Sería el recuerdo de una etapa más, con sus pros y contras y no dejaría de sonreir al ver los puntitos de tinta y revivir cada momento. 
Más aún, el mero hecho de que decidiese pasar por las agujas para marcar mi piel habría de significar que esa persona no es una tontería, ya que tambien debo decir que no lo haría por cualquiera. 

Podrías verlo desde otro punto de vista desde el cual nadie se para a pensar, nadie pregunta que pasará si esa amistad, cariño o amor no se rompe nunca, si no acabas por los suelos con dicha persona sino compartiendo el resto de tu existencia, ¿qué pasaría entonces? Lo mismo. Luciría mi tatuaje con el mismo orgullo; solo que, en el suceso de que alguien llegue a preguntarme el significado del nombre tatuado, en vez de decir lo que aquella persona significó para mi, simplemente diré: "Es el nombre de mi acompañante de viajes"

lunes, 23 de septiembre de 2013

Altos requisitos de entrada.

En mi mundo huele a vainilla.

Es un mundo de filósofos puestos y poetas en las alturas, 
de preguntas sin respuesta y salidas sin oxígeno.

Allí se aprende a amar por encargos 
y se hiere por inercia.

Por ello solo hay meros transeúntes, 
por que todos saben demasiado.

Nadie quiere a nadie pero todos se necesitan, 
que al fin y al cabo viene a ser lo mismo.

Hay teorías sin comprobar 
y compras sin recibo ni IVA.

No se cuenta nada por el miedo a hacerlo realidad 
y su rivalidad es el tiempo, no equivalente en segundos.

Vertederos de musas y románticos con cientos de consumiciones por entrada. 

Mínimo dos vidas por alma
y el mínimo por alma son dos corazones rotos en mundos paralelos. 
Multiplica. 


Dicen que no aguantaría un día en el mundo real, y yo digo que no sobrevivirías una noche en el mío. 

martes, 17 de septiembre de 2013

Suma y sigue.

-¿Y tú eres?
-Helena. 
-¡Anda! Me han hablado mucho de ti, por fin tengo el placer de conocerte. 

Me pregunto en que se basa para decir que la "conoce" con apenas haberla visto diez minutos. Sí, vale, es una frase hecha, pero en qué estaría pensando el primero en ponerla en vigor y qué concepto tendría él de la palabra "conocer". 
No se puede conocer a una persona en una sola mirada, aunque muchas sepan como transmitirlo. No se puede conocer a una persona por un olor o gesto. No se puede conocer a una persona según como vista o hable, o quizás sí, pero no a ella. 
Ella era un reto perdido y un caso imposible. Poca gente creía conocerla y su ego era lo único que podía entenderla de verdad, por eso odiaba cada vez que, cuando tenía un día de esos que la gente normal llama "malos" -pero que para ella simplemente son días en los que no considera que el mundo merezca su sonrisa, que reclama un descanso y cambiar de pantomima- la llenaran de preguntas al modo: "¿Qué te pasa hoy? te conozco y se que te pasa algo". 
¿Sí? ¿De verdad la conoces? Bien. Ahorra saliva por que no hallarás respuesta, y si "la conoces" deberías saberlo. A preguntas estúpidas siempre la misma contestación: "Nada, estoy un poco cansada". 
Mentira.

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-¡Cuanto tiempo! ¡Casi ni te reconozco!
-¡Ya ves! Unos dos años sin verte, mas o menos. 

¿RE/conozco? ¿Acaso la has llegado a conocer alguna vez? O mejor aún ¿Acaso la conoces ahora?


-Te noto cambiada, ya no estas como antes ¿te has hecho algo en el pelo?
-Nose, quizás. Tú estas igual que siempre, en tu línea, que no es mala. 

¿Es una pregunta trampa? ¿No esta como antes porque se haya cambiado el peinado? No has acertado mucho. Era de ese grupo de personas que opinan que la gente nunca cambia a pesar de poder aparentarlo hasta que superó su meta. Aceptó cambio como sinónimo de evolución y ahí quedó liberada. La gente evoluciona, la gente cambia y ella no es una excepción. Añado la aclaración de que siempre para su propio concepto de bien, para alejarse del descarrile, para no hacer daño. Para no anclarse en situaciones sin destino. 

Entonces pues, y volviendo al concepto de conocer, ¿cómo se puede saber como es una persona con certeza si sufre evoluciones cada determinados periodos de tiempo? Si no vives en ella, si no vives en su mente, no puedes

-Me ha gustado verte, ¡hasta otra!
-¡A mi también! Hasta luego. 

Y se despidió con esa sonrisa tan característica, como diciendo "nunca me vas a conocer, no tienes ni puta idea de mi"

domingo, 15 de septiembre de 2013

"I should have bought you flowers and held your hand"

Hace dos días -puede que algo más- vi algo que consiguió mi asombro, me exprimió el corazón hasta casi desvanecerlo y retrocedí a la época aquella en la que el amor no era solo cosa de películas; vi a un hombre (y digo hombre por que cualquiera que realice el acto del susodicho es merecido del título de hombre) saliendo de su coche con un ramo de rosas rojas y una tarjeta en la cual pude apreciar un: "Para Ella" en un tono plateado. 
No fue envidia lo que sentí sino curiosidad, deseo de descubrir quien sería la afortunada que encontró un acompañante tal. Él no era nada grandioso en cuanto al físico se refiere, no era el tópico de hombre conquistador sino un joven alto, delgado, tatuado y con bermudas y calcetines hasta las rodillas, insignificantes detalles en cuanto a la importancia de su propósito, a la cual me refiero. Era un hombre valiente a juzgar por su decidida forma de caminar. Era un hombre valiente que llevaba un enorme ramo de rosas por la calle esquivando sin importancia las impertinencias ajenas tales como un: "¡Qué pringado! Yo no necesito esas mariconadas para follar" del niñato de turno que pasaba por la paralela sin darse cuenta de que quizás el propósito del ramo no era una noche de sexo, sino puro detalle desinteresado. 
Toqué fondo al oir la risa de mi amiga en contestación a la estupidez de aquel imbécil y su contribución diciendo: "Yo, si mi novio me regalase flores o un poema, le dejo". Bravo. 

¿Qué hemos hecho? ¿Cómo hemos conseguido darle ese sentido tan vulgar a una sentimiento tan fuerte como el amor? O peor aún. ¿Cómo es posible que pueda dudar de la existencia de este con tan solo dieciséis años?
Nos vendían el amor como algo incalculable, algo insostenible incluso para la persona más dura, algo incondicional, la razón de robos, asesinatos y descubrimientos, de enloquecimientos y trastornos, algo por lo que la gente daría la vida incluso sin quererlo, y supongo que sin quererlo también le dimos ese aspecto tan oscuro y vano, le restamos importancia al confundirlo con amistad, cariño, respeto y derivados, que no son más que las partes que en su totalidad formarían la definición de amor. 
Eliminé la posibilidad de su existencia tras esta situación inesperada, pero maldigo esta impotencia e incapacidad de no poder negar algo tan magnífico -o eso decían los creyentes. Detesto el haber oído esas frases y muchas otras descripciones del amor por ingenuos atontados (que no enamorados) de su pareja; y es por ello, quizás, que cada vez que realizo la pregunta :"¿Estás enamorado/a?" a una pareja y su respuesta es afirmativa, no puedo borrar esa sonrisa tierna y burlona de mi rostro, ni evitar imaginarme su concepto de dicho sentimiento. 

Es esta la razón, y ninguna otra, por la que soy una incrédula adolescente escribiendo pensamientos y situaciones pasadas desde el campo al atardecer, con la fe restante de encontrar mi propia respuesta a esa pregunta que tantas veces ha salido de mi boca, y que esta pueda sonar convincente. 



martes, 10 de septiembre de 2013

Miente, pero no te engañes.


¿Alguna vez has pensado que quizás lo que buscas no es tu ideal soñado sino su correspondiente pesadilla?
Bueno, yo sí, y resulta que en ese fondo me encontré más identificada que en la superficie e incluso me planteé que pasaría si dijese la verdad, aunque solamente fuese un día; y, claramente, ese sueño no quedaba bien. Perderme un instante el mundo inexistente donde nadie miente no sirvió de mucho, tras un par de horas acabaron por echarme y me convertí en aquel intento fallido del fin del que hablaban los Mayas. Visto lo visto, no sabemos ser sin estar (ni sabemos estar a secas) y el engaño es un arma que le viene grande a muchas personas, por ello no siempre llevo el revolver cargado cuando salgo de casa -a pesar de poseer un escondite inigualable para mis balas- y conozco las señales que indican el permiso de disparo. El fallo que me condujo a la expulsión fue tal vez el exceso de equipaje, llevar mierda en la maleta no está permitido si no estas dispuesta a enseñarla y mi carga superaba con creces el doble de mi peso. Acompañada de mis excesos y sus pesares me despedí y desperté del sueño deseando su pesadilla.

Rechazo absoluto y pérdida desastrosa; me desplazo a la verdad, desenmascarando mis azañas. Nada es más convincente que el hecho de creer en los opuestos -ni más bonito y estúpido. Creer que si tu sitio no es aquel mundo soñado, habrá que complementarlo y en ello me centro, puros complementos, y el complemento a mi sueño fue sencillo de encontrar, tan sencillo como abrir los ojos. No fue tan drástico como una pesadilla en sí, pero se le acercaba de forma suficiente. Ahí encontré complementos ilógicos como esa loncha de ibérico que añades al melón con el propósito de cambiar su sabor y viajar con el. Complementos ilógicos como la presencia de la luna llena en una noche en busca de oscuridad. 

Complementos ilógicos como tú y yo.

Pero esa creencia fue fácil de contradecir y ver desvanecer. Tan rápida como la caída de los EE.UU doce años atras tal día como hoy. Tan insuficiente como inconvincente, y ahí desemboco y descarrilo. No busques complementos cuando necesitas contrarios.  Volvamos a perderme en el mundo oscuro al que siempre he temido, dónde la verdad no existe y el tiempo es tan denso como la más espesa de las nieblas, donde nadie dice lo que realmente piensa pero todo el mundo se entiende a pesar de ello. Permisos de armas y licencias para matar sin ton ni son, los actos sin consecuencias y las consecuencias puestas. Admitida de forma mágica, mi equipaje y carga sobrante desaparece al contrarrestar con la del resto de sus habitantes. Apariencia desgarradora de almas decididas; piso puesto y trabajo. Pesadilla concedida. 

Aceptación y deseo, descubran mis referencias pues el tema acaba aquí. Abriendo mentes contesto a la cuestión, no hay que buscar lo que siempre llega, la atracción de opuestos no siempre es adecuada pero siempre mejor que pintar debilidades de colores para autoconvencerte de su belleza (seas cual sea tu caos). 





Sí, vuelvo a escribirte, ha sido un placer. 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Don't be afraid of the big bad wolf.

<<En un acto tan sencillo como huir de casa impulsada por un vicio, me he dado cuenta de lo que es él, miedo; y podría definirlo como aquello que te impide sentirte libre, que te impide hacer lo que verdaderamente quieres por el temor previo y los remordimientos posteriores>>


Nunca he sido capaz de darle una descripción ni sinónimo, no he sido capaz de dibujarlo a pesar de verlo de vez en cuando, pero descartando mi ingenuidad y escasez de conocimientos, puedo mostrarte mi propio punto de vista y es tal que digo que el miedo podría verse dividido y modificado por nuestra propia conducta y capacidad; es por ello que a un niño de cinco años no le acechan los mismos temores que a un adulto de cincuenta o a un adolescente de diecisiete. 

¿De qué habla esta loca?

Veras, acosada por mi insomnio a las tres de la mañana me hallaba aburrida, hambrienta y helada perdida en un pueblo alejado de la mano de Dios (esa mano imaginaria que algunos dicen que existe -disculpen mi ateísmo) y no se me pasó por la cabeza ninguna idea mejor que calzarme una sudadera y unas alpargatas y darme a la fuga por un breve periodo de tiempo, pongamos que tan solo fueron algo más de cuarenta y cinco minutos. Bajé en silencio por las escaleras de piedras convirtiéndome, como cada noche, en el ninja más silencioso que puedas imaginar (más o menos). Obviando mi torpeza tuve que hacer un inciso en la cocina para calmar mi sed y seguir mi trayecto poco después. Puerta cerrada y llave en el bolsillo, aquí es donde comienza mi adivinanza.
Ni la luna quiso acompañarme aquella noche, se encontraría en peridodo de vacaciones y su luz fue sustituida por el sonidito de unos grillos y demás bichos que tampoco me parecían desagradables en aquellos momentos. Subí la calle y encontré una rampa a la cual si la alcanzaba la luz de una farola al otro lado de la acera y ahí me coloqué, saqué mi cuadernillo y la mezcla de aire fresco (y frío) y tinta me pareció inigualable. Fue pasados unos diez minutos cuando un instinto me llevó a bajar hasta la calle principal. Allí perdió todo el sentido y mi definición de miedo comenzó a escribirse sola
No era muy alto, pero si quisiese mirarle a los ojos mi barbilla tendría que colocarse en un ángulo de 180º, era moreno y con aire desamparado, rondaría los treinta, llevaba el brazo lleno de tatuajes y una pulsera de cuero se asomaba por el bolsillo de su pantalón, al igual que un paquete de pastillas. Había una mochila que supuse sería suya cerca de una moto (la cual también supuse que sería suya) repleta de discos de grupos sin remedio, de esos que te obligas a escuchar cuando andas escaso de casi todo. Buscaba algo, supongo que el mechero ya que sujetaba un cigarro con la boca. Durante los próximos cinco minutos me encontraba perpleja detrás de un muro, dudando si cederle mi mechero a esa alma corroída por el mono o si echar a correr. No era su persona lo que me asustaba sino la sensación de haberle visto antes, de conocerle, de no ser la primera vez que contemplaba su nerviosismo y su soledad incompleta, de haber sido importante y haber acabado por el barro.

Supuse que él era el miedo.

La impotencia de querer hacer algo que sabes que no va a llevarte más que al desastre. Tal que así, yo, mis pintas y mi mechero nos dirigíamos hacia él y ni una palabra se atrevió a encoger el momento. Vio como me acercaba en su dirección, me miró y él también sintió que nos habíamos visto antes, lo supe por que nada más ver mis intenciones de saciar su vicio tabacalero apresuró a esconderse ese paquetito de cápsulas blancas que asomaba de se bolsillo, como protegiéndome en caso de llegar a leer su receta y disgustarme tras ver que no se trataba del corriente ibuprofeno mundialmente utilizado como método antirresaca. Se encendió el cigarro sin apartar su mirada de la mía y nos sentamos, de la misma forma, en un banco de madera que se situaba justo detrás. Sin articular palabra lo fumamos por igual, como si ya lo hubiésemos hecho antes, como si siempre lo hiciésemos así; a la mitad del cigarro, acostumbrado me lo pasó y antes de consumirse le ofrecí la última calada. No sé, no pareció tan raro, pero lo fue. Con tan solo el sonido de los grillos de fondo se levantó y se dirigió hacia su moto rumbo a ni él tenía ni puta idea de dónde.
Así pues me levanté y regresé a la cama igual que como había salido de ella hace eso, poco más de cuarenta y cinco minutos. Sin nada más que dos páginas de mi cuaderno repletas de borrones incapaces de describir lo que era el miedo, por que por mucho que la gente diga, para mí esta noche, el miedo se fugó en moto.

Catasfróficamente, mi insomnio me guió hacia un paradero desconocidamente conocido, hacia esa sensación de haber vivido algo antes que sabía que era imposible que hubiese pasado. De la misma forma, de esa sencilla acción saqué un par de moralejas de un nivel tal como es el decir que apuntaré 'miedo' en mi lista de conceptos inexistentes, en el apartado de sensaciones creadas por nuestra mente perturbada que debemos superar sin dejar rasto, cual ninja en una noche de verano.

Aventura.

<<¡Ay! ve y dile que lo odio y lo detesto, 
por tener lo que fue mío, 
aunque el culpable he sido yo. 

Que hoy lo considero un enemigo, 
lamentando mi perdida, 
en la batalla por tu amor. 
Recálcale que no duermo de noche, 
imaginando que en el sexo, 
él te devora con pasión. 

Me falta valentía para admitirle, 
que a tu lado fui un chiquillo, 
y su hombría superó. 

Agrégale que hoy yo me revelo, 
envidioso, egoísta, 
impulsivo sin control. 

Creer que yo era el único al que tú amarías 
¡qué estúpido! 
fulano con el premio 
y yo el perdedor>>

Vivo más de noche que de día.

Magnífico,

como si de repente una luz verde  alumbrase tu vida y sujetase tu cielo, 
y tus noches,
y ese vicio lejano,
que se acerca al ritmo del sol más madrugador, 
dando por el culo desde las siete de la mañana, 
-descuida, quedan tres horas para el evento. 

Ya no te caes, 
te mantienes en pie, 
quieto pero firme, 
y hasta que caigas hay tiempo, aún. 

Aguánta y atiende hasta que la luz se apague y nos mande en busca de otra, que ya pocas quedan con este brillo. 

Sacúdela si parpadea y aferrate a ella cual yonki a su paranoia hasta desembocar en armas blancas. 


Magnánimo, 

como el cielo en plena noche de San Juan, 
hasta ese día en el que dejes de creer en las estrellas fugaces, 
que llegará, 
por que la inmensidad del universo condensas en tus pupilas; 

créeme, las estrellas no te hacen el mismo efecto. 

Pedante y prepotente como la brisa del mar a las cuatro y diez de la noche, se cree fuerte pero es frágil y aún que cumple su función, el frío es pasajero e inverosímil, nada que ver con la tirantez y el desgarro que posee el invernal. 

Desgastémonos hasta que se nos pase el efecto y la luz solar nos haga volver al mundo, 
el Sol ya conoce nuestras trampas y la luna cada noche se vuelve más cálida.

Quedémonos con ella hasta que a algún gilipollas le de por despertarnos. 



viernes, 30 de agosto de 2013

Tú eres el origen.

Fumarte

-¿Qué haces cuando se te quitan hasta las ganas de escribir?

-En esos casos suelo zambullirme en la piscina y dejar que el agua haga el resto, que limpie mi cabeza y ahogue la mierda. 

-¿Y en invierno? 

-En invierno ya veré, solía beber café hasta que mi organismo dijese basta, pero ahora que el insomnio me persigue buscaré alternativas. ¿Tú que haces en esas situaciones?

-Gimnasia, acabar tan machacado que no me queden ganas más que de dormir. 

-Fumas

-Es verdad, pero lo del gimnasio suena más bonito. 

-Pero no hablamos de situaciones bonitas, y fumar es lo que te nace, inhalar mierda y, tras pasar por tus pulmones y subir hasta tu cabeza, expulsar el humo restante en el que deseas desaparecer. 

-Lo dices como si fuese un arte. 

-Fumar puede llegar a ser un arte si hablamos de ti, fumarte, lo lleva escrito. 

-El sentido bohemio y nihilista de  tu tono, eso es lo que hace que se convierta en arte.

-Yo tan solo repercuto el sentido que tú me das

-¿Esa es la impresión que doy?

-Hoy no has sido tú, sino la forma de fumarte ese cigarro. Cada vez conozco mejor tus vicios y el hecho de que inhales por la izquierda de tus labios mientras sujetas el cigarro, que no lo sueltes; y la forma de tirar la colilla, con rabia, como despreciando algo que te ha dado, posiblemente, los tres únicos minutos de placer del día. 

-Tengo más cigarros, no serán los únicos tres.

-No serán iguales

-¿A no?

-No, los fumarás sin compañía, sin estímulos condicionantes, sin límite de tiempo y, apostaría que con alguna canción de rap poética con dobles sentidos y bases suaves, esas que te gustan, vaya. 

Buenas noches. 

-Siempre te vas en los peores momentos, yo también se exactamente cómo te sientes con solo mirar la expresión que tus ojos me dan, el color de tus uñas o de tu collar y aún así no acertaría si apuntase a tu nivel de conceptos. 

-Quédate el mechero, hasta pronto


martes, 27 de agosto de 2013

"No todas las tías somos iguales" Ya, claro...

Incluyéndome en el tópico de aquellas que creen ser diferentes, me desarmo y digo: pura basura.

Gente que pretende destacar sin apenas esfuerzo y se superan, yo ya llego tarde 
y maldigo al ser que dejó caer aquella frase de "ni todas las tías son tan putas ni ellos tan cabrones". 
Mentía, 
o era demasiado ingenuo para aceptar que en principio y fin todos estamos hechos de la misma pasta y esperar algo de alguien en estos días es algo obsoleto. 
No cabe incluir que al rendirme tengo razones más allá de palabras, acciones que me han demostrado eso de que la estupidez humana no tiene límites. ¿Nos suena, verdad?
No lo digo en vano y pruébalo. Ahora, si nunca te has sentido patética, absurda, descentrada, inutil, frágil, si nunca te has arrepentido de algún arrebato hecho a traición o sin pensar, enhorabuena, eres algo más diferente a las demás, pero sin emocionarte, ya que tarde o temprano te llegará. 
Todas aquellas y aquellos que aparentan cambios, es coraza, armadura o disfraz, falso. Indaga un poco y chócate. 
No desistas ni te asustes, puede que exista esa persona con la que conectes y para ti se salga un poco de tópicos anteriores que ya conocías. Te reto a buscarla, pero mientras tanto,

apostaría a decir que si vuelvo a oír "es que el/ella es especial" 
vomitaré. 

viernes, 23 de agosto de 2013

"How about if you and I, me and you, bailamos bachata?"


Me sacaron de ahí desanimada, no estaba en mi mejor día ni en las más apropiadas circunstancias como para salir aquella noche, pero hay veces que haces cosas sin ganas por la revuelta que te produce una pequeña intuición diciéndote que debes y por aquello que dicen de ese sex(t)o sentido de las mujeres. 

Nada mas entrar me recorrió una ola de caos, provocada por la terrible elección de música que sonaba en los altavoces en esos momentos. 
Era temprano, poco antes de la una, es decir, pleno éxtasis para los amantes del ruido. Así que decidí ir a pedir una copa y otra para mi amiga, aunque venía con el globo puesto de casa, por aquello de que hoy en día una copa te sale por lo mismo que una botella y la vida de estudiante no da beneficios. 
Le llevé su vodka-limón y me quedé en la barra acompañada de mi ron-cola, mi dulce amante y el único que conseguiría sacarme algo aquella noche (que equivocada estaba). 

-Hola...
-fue el mejor hola que había oído en mi vida, con la combinación de sensualidad, elegancia y deseo; sí, todo eso en un vulgar hola, o mejor dicho, en una voz -...me llaman Romeo, es un placer conocerla.

-Encantada. -pegué un trago que eliminó los tres cuartos restantes de copa que me quedaban y me giré. 

-¡Vaya! Parece que la señorita tenía sed, ¿que me diría si le invito a otro trago?

Asentí con la cabeza tratando evitar atragantarme y acabar con todo el ron que quedaba aún en mi boca sin escupirlo y procurando resistir las arcadas, mi sorpresa al verle fue tal que el poder de aquel alcohol caribeño se multiplicó por tres. 

-¿Estudia o trabaja?-fíjate, de las más de cien veces que he oído esa frase, en su voz sonó diferente, quizás por que me habló de usted y con ese acento que me supera. 

-Más o menos las dos, estudio por que debo y trabajo cuando mi horario de universitaria me lo permite. ¿Y tú?

-Supongo que soy de los afortunados que tienen un empleo en este país. 

-¿A qué te dedicas?

-Acompáñeme.

-¿Que te acompañe a donde?



¡Uy que miedo! Intenté seguirle pero se perdió entre la gente, y al volver a la barra mi taburete había sido ocupado por uno de esos 'viceversos' de camiseta de tirantes y músculos en el cerebro. 


-¿Una copa rubia?

-No gracias, estoy buscando a alguien

-Tu amiguita está fuera fumando... -se estaba acercando y no dejaba de mirarme el escote- ...¿qué bebes, vodka? tienes cara de vodka

-Y tú de chuloplaya

-Vaya humos, rubia. Me gustan las tías con caracter. Bébete esto. 

A tú salud!

Y justo cuando tenía su querido vodka preparado en mi mano dirección su cara, llegó mi Romeo, irónico. 

-Cuidado no vaya a derramar ese trago, no se me pierda, fui a pedirle permiso al dj para responder a su pregunta. 

-¿Eres dj?

Se rió -y con razón- así que pude asumir que la respuesta era negativa. En ese momento, cambió el ambiente y el electrohouse fue mágicamente sustituido por la voz del rey de la bachata. 
Me cogió y me guió hasta la pista. Seguí sus pasos los primeros tiempos. Sabía moverse y logró impresionarme, cualquiera diría que vive de esto. 
Entonces vi como su sonrisa burlona no se borraba de sus labios y me activé, -querido profesor de latino, te equivocaste de objetivo si tu intención era impresionar-.

-Ya te sigo. -le dije al oído. 

Su cara cambió, paso de tener el control a ser uno más de los que intenta domarme, eso sí, ninguno tuvo su clase, estilo, ritmo, y cadera. Pero no me dejé dominar y mostré con el mayor ímpetu jamás imaginado en mi persona, todo lo aprendido en mis escapadas caribeñas y en los cinco últimos años de clases de latino. 

Nunca me imaginé que acabaría la noche sudando en manos de un dominicano, y si me lo hubiesen dicho al entrar en el local, no hubiera pensado que la culpable sería la bachata, sino alguna propuesta descarada de cualquier hombre de apariencia misteriosa; y en eso sí acerté. Da la casualidad de que suelo tener algo de bruja en lo que a leer la mente de los hombres se refiere, pero esta vez estaba perdida cual pez en el desierto. 

-Se mueve muy bien, me gustaría hacerla una propuesta algo indecente... -he ahí mi gozo en un pozo, otro imbécil más con las mismas intenciones- ...probarla en otros estilos. 

-¿Probarme en otros estilos? -Mi mente sucia ya comenzaba a quitarle la ropa, supongo que me estaba subiendo el alcohol. 

-Sí, bailando se sabe como es una persona en...

-¿En la cama? -sí, lo dije en alto, pero su risa me salvó. 

-¡Vaya! En la cama también pero iba a decir en carácter, señorita

-Disculpa mi atrevimiento, pero entonces, ¿qué son esos estilos en los que dices que quieres probarme?

-Merengue, samba... -claro, hablaba de baile- ...algo de tango, pero lo que mejor se me da es la bachata, ya viste, y sobretodo se...
-¿sexo? (esta vez solo lo pensé, no permití a mi boca revelar más sobre mi trastornada conciencia, aunque no pude evitar sacar a la luz una sonrisa algo traviesa) -...se moverme al ritmo de la salsa, no se que pensaba señorita. 

-Pensaba en que si tu propuesta es lo suficientemente indecente como para acabar en tu cama con algún truco que conlleve hacerme suya, le costará algo más que un baile. 
-¡pum! Se le borró la risita, parece que se ofendió el dominicano. 

-No se por quién me toma señorita, pero dije propuesta indecente, no descarada, cuya diferencia está en que preferiría acabar sin aliento al ritmo de Aventura tras un par de horas sin parar de... -¿follar?-...danzar como nunca antes lo hice... -¡casi!- ...y es que pocas veces conseguí la complicidad que conseguí bailando con usted, aún que devorarla en la cama tampoco me parece mala idea. 

-Acepto... -volvió su risa- ...a la indecente, digo, no a la descarada. 

-Sígame por favor.

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