Lo he hecho, he dejado de mentir, he dejado de mentirme, de mentirnos.
He dejado de inventar excusas para evadirme de algo que, a estas alturas, resulta innegable.
He dejado de inventarme apodos para esto que invade mis neuras desde hace tiempo.
He dejado de rastrear finales alternativos porque ya he proyectado el propio, y no tiene similitud alguna a cualquiera de los disparates que surcaban mi mente hace no mucho.
Me has enseñado a aceptar que se puede creer en esto, que existe y que es el mayor arma de destrucción masiva jamás descubierta.
La más valiosa, quizás hasta acojone.
Quizás hasta algún día entiendas el porqué.
Perdón por ser de aprendizaje tardío, pero ya está, ya estás y ya llevas tiempo clavado.
Eres el único capaz de guiarme hasta el puto sentimiento más buscado y jamás pensado.
Descarrilas mis caminos a tu antojo, has creado puentes de mis entrañas a mi cabeza y de mi cabeza al corazón y ahora todos mis sentidos atracan en el puerto de tus labios. Y tiemblo.
"Y no te salgas nunca".