Sobre mi

jueves, 15 de octubre de 2015

"Y no te salgas nunca"


Lo he hecho, he dejado de mentir, he dejado de mentirme, de mentirnos. 
He dejado de inventar excusas para evadirme de algo que, a estas alturas, resulta innegable. 
He dejado de inventarme apodos para esto que invade mis neuras desde hace tiempo. 
He dejado de rastrear finales alternativos porque ya he proyectado el propio, y no tiene similitud alguna a cualquiera de los disparates que surcaban mi mente hace no mucho.
Me has enseñado a aceptar que se puede creer en esto, que existe y que es el mayor arma de destrucción masiva jamás descubierta.
La más valiosa, quizás hasta acojone.
Quizás hasta algún día entiendas el porqué.
Perdón por ser de aprendizaje tardío, pero ya está, ya estás y ya llevas tiempo clavado.
Eres el único capaz de guiarme hasta el puto sentimiento más buscado y jamás pensado. 
Descarrilas mis caminos a tu antojo, has creado puentes de mis entrañas a mi cabeza y de mi cabeza al corazón y ahora todos mis sentidos atracan en el puerto de tus labios. Y tiemblo.
"Y no te salgas nunca".

jueves, 1 de octubre de 2015

"Empuja mi alegría"

Supongo que el hecho de volver al folio pesa cada vez más pero no puedes pretender plantar semillas en vertederos y que salgan flores sanas. Así que recoges tu mierda y te la tragas para seguir aparentando algo que ni siquiera tú te crees. Fácil. Hasta que te obligan a creértelo y te despiertas en el Edén, buscando la puta manzana porque tu mente te impide aceptar el estado de éxtasis en el que te encuentras y necesitas caos, y un folio.

Someter mi garganta a quemaduras de tercer grado y calmarlas con ron no logró mis propósitos, porque tú eras más fuerte que eso, porque contigo soy más fuerte que eso. Siempre que intentaba torcerme, pillar atajos o caerme por barrancos y acantilados buscando la salida de este paraíso eras tú la señal luminosa que me advertía del peligro. Cambiaste mi rumbo, en busca de un nuevo norte, sin tormentas de arena ni tornados que arrasen con todo cuando haya delante.
No te equivoques, no es de lo evidente de lo que hablo, sino más allá. Esta vez mis razones para volver a la escritura no son las mismas que de costumbre, esta vez es menos impulsivo, esta vez es más eufórico. Ahora solo queda descifrar mis estados, mis extremos, o aprender a aceptar que hay sentimientos que carecen de límites porque, por incontables que fueron mis vicios, tú te has convertido en mi única tentación.