Sobre mi

lunes, 30 de noviembre de 2015

Mind your heart

Si te decides por el corazón dejando tu vida a sus órdenes eres el único culpable de sus síntomas. Se consciente de tus actos. 
Trasnochar sin justificantes a la espera de un suspiro extraviado. 
El sinvivir de alcanzar la desesperación esperando una caricia de unos dedos que aún no han despertado. 
Consumirse en un tic-tac y su olor a tabaco. 
El alivio de una crisis nerviosa concentrado en unas manos que saben cómo manejarte. 
Respirar entre taquicardias y palpitaciones arrítmicas a 1000 kilómetros por hora. 
No lo hay más puro que el sabor a adrenalina de unos labios en llamas dispuestos a quemarte el alma y a helarte la piel. Ni lo hay más astuto que la loca que jura no conocer la causa de su trastorno pero, inocente, pasea de su mano, valiente y orgullosa, mientras tropieza con cada pestañeo que le ofrece la luna para recordarla que ha llegado a lo más alto. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Abdicar no entra en mis planes

Me encanta drogarme contigo. Ver como dejas tu mente al desnudo mientras me inundas con dudas existenciales y preguntas sin respuestas válidas para nuestras capacidades. Tratar de descifrarlo todo, desgarrarle el sentido a todo esto para acabar dándonos cuenta de que nada lo tiene menos el ahora y siempre.
En este mundo solo eres libre si nada te domina y eso es algo más que difícil teniendo en cuenta el hecho de que todo lo que nos rodea nos controla. Sexo, descontroladamente y tres caladas más. Pasear de noche por que los gatos son pardos y perdernos entre calles y cubatas donde nuestras pupilas se mutilen bajo las farolas. Más fuerte que el olvido a base de whisky, más feroz que el lobo de Caperucita y más soberbio que la vida misma; todo ello con los tacones puestos, sin paréntesis.
Lección tras lección el alumno perdió el interés y yo olvidé mis apuntes en alguna de las vidas que dejé atrás, pero sigo sintiéndome dominada. Sabio es aquel que mencionó todo esto años atrás, dejando volar sus advertencias, sugiriéndose como ejemplo hipócrita de un sentimiento jamás experimentado. Razón llevaba pero técnicas para el combate las justas, y más que aquellas fueron necesarias. Tantas que la rendición fue innegable, y su teoría inexacta, inacabada y refutable. Me presento como ejemplo y esa es mi única queja, abdicar no entra en mis planes. Llegar a nuestro destino siendo nosotros quienes devoremos el hambre al tiempo y recompensemos nuestros esfuerzos en el jacuzzi, e invitar a una orquesta de jazz para que haga de banda sonora.

miércoles, 18 de noviembre de 2015

Si no lo cuentas, no existe

Si lo encarcelas es como si no ocurriese, como si fuese inexistente, algo ilusorio, un problema menos contra el que luchar. Si el mundo desconoce su existencia estas a salvo, no tienes por que enfrentarlo, realidad endeble, voraz ficción.
Ya. 
Se va haciendo más fuerte, la jaula no es suficiente y comienza a devorarte mientras te susurra que debes gritar, aceptar su existencia y disparar. Mutilarlo, batirlo, matarlo. 
Fin.
No, fin no, es muchísimo más fácil encontrar una jaula más grande y seguir ajeno a su existencia, simplemente ignóralo. Si no lo cuentas, no existe. Si tú eres el único consciente de esa realidad tienes el privilegio de impugnarlo, obviarlo y rechazarlo hasta encontrar una jaula nueva o un arma de destrucción masiva que consiga erradicarlo y, a poder ser, que no implique un acto suicida. 
La belleza del auto engaño.
Así, te dedicas a recolectar distracciones, actividades secundarias que consigan apaciguarte. Vuelas lejos, viajas, huyes. No por cobardía sino por comodidad, porque su importancia es relativa a tu capacidad de darle cuerda y entre locos la soga ahoga.
Tabaco. Papel. Filtro.
Fuego.
Encontrar realidades alternativas, superiores. O no tan superiores, pero realidades. Sensaciones diferentes tras periodos de insensibilidad absoluta; porque cuando conoces lo que es no sentir, la mínima caricia provoca terremotos; pero cuando tras ello experimentas el estado nervioso, necesitas algo con lo que matar lo encarcelado. Al fin y al cabo sentir es bueno o vital y en abundancia te hace caer en la cuenta de que las mariposas de tu estómago han abierto la jaula y devorado su contenido, y ese último aleteo te ha provocado una sonrisa.