Sobre mi

jueves, 25 de diciembre de 2014

Hago zumo con tus medias naranjas

El origen del mito de la media naranja lo tenemos que buscar en Platón y su obra El Banquete. En ella, Platón mostraba las enseñanzas de Aristófanes, quien explicaba cómo al principio la raza humana era casi perfecta: "Todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción". Cuenta Aristófanes que "los cuerpos eran robustos y vigorosos y de corazón animoso, y por esto concibieron la atrevida idea de escalar el cielo y combatir con los dioses". Y ante aquella osadía, Júpiter, que no quería reducir a la nada a los hombres, encontró la solución, un medio de conservar a los hombres y hacerlos más circunspectos, disminuir sus fuerzas: separarlos en dos. El problema surgió después: "Hecha esta división, cada mitad hacía esfuerzos para encontrar la otra mitad de que había sido separada; y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con ardor tal que, abrazadas, perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra".

Así que el origen de la media naranja no comienza muy bien, con una búsqueda desesperada de unión y enamorados muriendo de hambre e inacción.

Tras leer esto, no llegué a otra conclusión más allá de que la búsqueda más inútil de este mundo es esa de “la media naranja”. La escribo entre comillas ya que todo aquello que considero absurdo desde mi punto de vista lo escribo entre comillas y no iba a ser menos el término que utilizáis para denominar a vuestra pareja ideal.
El porqué no es muy complejo y tampoco malinterpretéis la frase tomándola de manera literal, que mi amor por los cítricos era innegable e incomprensible hasta el día aquel que, con cuatro años, el médico me prohibió su ingesta por exceso de vitamina C en mi organismo (tranquilidad, que ya he dejado de ser naranja). El caso, veo una estupidez lo de buscar una media naranja para completarte ya que es ilógico el ver a una persona como la mitad de una fruta, y de hacerlo, ¿por qué una naranja con lo que cuesta pelarlas y partirlas? Además, el naranja nunca ha sido el color universal del amor, pero nadie habla tampoco de medias fresas o de medias cerezas, teniendo esto mucho más sentido a mi pesar.
¿Dónde quiero ir a parar y por qué me está soltando esta jodida loca una clase de colores, frutas, y fragmentos de tratados de filósofos? Verás, es tan sencillo como coger un exprimidor y hacer zumo, observar como algo sólido pasa a ser líquido en cuestión de segundos, como algo resistente, tras pasar por un sinfín de malas rachas, peleas y discusiones (llamémoslo colador) acaba en un vaso medio lleno o medio vacío, en el mismo en el que acabarás ahogándote sin quererlo ni beberlo; y se le irán las vitaminas, y se te irán las fuerzas.

 ¿Estúpido verdad? O quizás sea mi nihilismo que vuelve a arroparme tras haberlo echado de mi ser y haber dejado que la ignorancia y la ilusión se apoderasen de su espacio en mis adentros. Pero claro, fue una mala combinación que no tuvo futuro y dichos sentimientos acabaron siendo protagonistas, por primera vez, de la mayor catástrofe que ha sufrido mi arritmia, y por ello acecha de nuevo el nihilismo, reclamando lo que le pertenece y bebiéndose ese zumo que al final tuve que exprimirme yo solita.

Ah, ¡Feliz Navidad!

martes, 23 de diciembre de 2014

Lo he superado, pero la próxima sin hielo.


Aquí estoy otra vez, con las mismas dudas que hace una semana pero con menos paciencia. No entiendo como sigo atormentada dando vueltas dentro de este bucle, no entiendo cómo me ha dado últimamente por complicarme tanto la cabeza cuando siempre me han dicho que soy de las que “todo le da igual”. Mis cojones.
He alcanzado el punto dónde la importancia que ha adquirido un componente ajeno a mi persona supera la importancia que le doy a mi propio culo, normal que me preocupe. Normal que me llene de dudas.
La cuestión es que no encuentro respuestas a estas nuevas preguntas que se me avecinan, y esta tormenta me está calando hasta los huesos. El eterno enfrentamiento entre mis miedos y mis carencias, que por una parte se complementan hasta el punto de tirarse los reproches a la cabeza con el único objetivo de matarse. Miedo de no estar a la altura, miedo de no ser tan perfecta como me pintas, miedo de no serte suficiente; es aquí donde aparecen mis carencias: carezco de imaginación fuera de los límites de la escritura, carezco de conocimientos para saber expresar mis sentimientos en el momento exacto y tengo miedo de carecer de capacidades para conseguir hacerte feliz, dándote todo aquello que mereces; porque lo mereces todo.
No es que te esté supervalorando,  te estoy dando la categoría que se merece alguien que ha conseguido, en menos tiempo que nadie, una posición en un sector de mi corazón en el cual nadie había entrado antes, por lo tanto es tu responsabilidad el explorarlo y el procurar no romperlo cuando des el portazo de salida; siendo mi responsabilidad el no perderte y hacer lo posible para que no te marches nunca. Pero somos unos putos irresponsables.
Me estoy quemando la garganta para igualarla al corazón y así tener porque quejarme. Ya sé por dónde van los tiros de eso que llamáis amor y preferiría que hubiesen dado en la diana en vez de haberme dejado el corazón, los ojos y el estómago hechos mierda. Intenso, sufrido y corto. No cumplo ni mis expectativas, no entiendo como no te diste cuenta antes, como no me di cuenta de que debo alejarme de estas catástrofes hasta que mi indecisión decida darme una tregua. A este paso acabaré con mis principios a finales de año y mandaré a tomar por el culo a todo aquel que muestre algo de afecto hacia mis adentros; y mira que no quiero.
El problema es que nadie me enseñó a hacerlo, y acepté muy rápido que el amor era cosa de Disney, por lo que nunca tuve la oportunidad de llevarlo a la práctica y claro, me acojono y no reacciono. No es porque no quiera, es porque no sé. El sentimiento está presente pero no sabe salir por sí solo, carece de representación externa y me consume lentamente mientras pretendo que me da igual, mientras arden mis castillos, mientras vomito a escondidas las mariposas que anidaste en mi estómago sin mi consentimiento.
Ahora solo me queda vagar a la deriva mientras espero soluciones que soy incapaz de buscar por mí misma y por si fuera poco, tampoco me dejo ver, me escondo entre mi nihilismo con el anhelo de salir adelante sin terceros, por si duelen, por si escuecen o por si matan. Eso ya se hacerlo yo sola.
Pido estabilidad cuando soy la primera en negármela, pido constancia cuando jamás la he conocido y pido coherencia desde el más sano de mis delirios. Te pido a ti. No finjo ser montaña rusa por que se me haría el trayecto corto y sería yo quién haría estremecer a la máquina. Poseo más bajones y subidas que cualquier tobogán y propongo el entenderme como deporte olímpico en el cual dudo poder entregar alguna vez siquiera una medalla de hojalata.

No hay más opciones, me siento débil y sin fuerzas para luchar, o me las das o me las quitas, no me desestabilices más. Veo futuro y no veo presente, que demencia más coherente para esta situación. No pido tiempo, porque es lo único que escasea y cuando lo posea sé que se deslizará entre mis manos a la velocidad de un ciclón, sin darme cuenta, sin darme prisa, y luego recogerlo no es trabajo para locos, ya estoy hipotecada hasta las cejas como para pedirle más treguas al puto universo. Lento, necesito ir lento y recapacitar, saber seguirme sin dudar pero sin superar la velocidad de mis latidos, me están adelantando, se me están atragantando, te me estas atragantando.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

Migajas

Todo va bien hasta que te das cuenta de que tu nuevo cuaderno no puede componerse más que de los pequeños restos de cuadernos antiguos de los cuales no has logrado desprenderte del todo, esos cuadernos que aún siguen tan repletos de ti.
Bueno, pues aprendamos a reciclar. 
Una misma canción te puede recordar a dos personas a la vez, pero siempre habrá una de ellas que gane el duelo y se adueñe de esa melodía con cierta ventaja sobre la otra. Lo mismo ocurre con mis días, con mis palabras y con mis actos, de los cuales te declaro como único culpable. Adopto manías y me adapto a costumbres ajenas para acabar siendo el resultado de un experimento que, como ves, no salió muy bien: un cuaderno de trazos irregulares, con mezcla de diferentes tonos y caligrafías, diferentes formas de sentir y transmitir un mismo cometido, diferentes formas de un mismo sentimiento. 
Es entonces cuando comienzas a crear nuevos atajos con tal de que parezca otro el destino, cuando en realidad, todos los cuadernos llevan a Roma, diferentes rutas, misma meta.
Pero, ¿qué pasa si hago que Roma arda y construyo un París de sus cenizas? ¿qué me dices si te propongo una noche que comience en lo más alto de la Torre Eiffel y dejamos el Coliseo y sus luchas para más tarde? Eso pretendo, hacerte mi dosis. Me encanta ser informada de los efectos positivos que causo en tu persona cuando en realidad no es sino al reves, y eres tú el que me va componiendo y reconstruyendo poco a poco, quien me va enseñando que mis quejas resultan estúpidas a tu lado y me aprovecho. Me aprovecho porque, aunque no te das cuenta, estoy siendo yo la que saca más partido de la situación, me aferro a ti como jamás lo había hecho con otro, te utilizo de bunker y de salvavidas porque, de un modo u otro, estas ejerciendo de tal.
Todo va bien. Todo va bien hasta que excedo el límite y pierdo el control. Dejo atrás la fase de principiantes y paso al nivel avanzado, desconocido para mi hasta entonces; por lo que necesitaré que sigas encajando las piezas de mi puzle que aún vagan sin rumbo fijo y que las dotes de sentido, que me guíes, nunca he surcado estos mares de aguas tan saladas.
Puedo parecer exigente, pero no soy más que una loca a la que le asusta comenzar a depender de alguien tan poderosos como lo estas siendo tú.