El despertador fue tan inútil esta mañana como cualquiera. En París el dormir no existe, a las ocho decidí pedir el desayuno y me puse a buscar en google sobre no sé qué de unas piedras preciosas que cuidaban unos monos no sé dónde. Me sorprendió, pero no lo suficiente como para retrasar mi vuelta.
Hice un par de llamadas y a las 10 ya era toda una experta en ellos. ¿De dónde los habrá conseguido? B tenía razón. Nos faltarían vidas para gastar el valor de esos diamantes en dinero. No me quedaba opción.
Me calcé las tn, vaqueros, jersey negro y me recogí el pelo en una coleta. Mierda. Las llaves del coche, a saber dónde están. Las encontré nada más encenderme el cigarro así que ahí lo dejé, consumiéndose en un cenicero de mármol, tan bello como inútil, y marché por el ascensor de emergencia hasta mi carro.
Joder. Llueve demasiado y no tengo tiempo para esto, ni para ir a 70 en la autopista, en serio no tiene sentido, désolé. Por esta me cae alguna multa seguro, pero mis pensamientos no estaban enfocados en esa dirección, solo trataba de esquivar. Esquivar cualquier cosa. La dirección la tenía clara, pero, a pesar de obviar los semáforos -tampoco es que la gente los respete demasiado en este sitio- el tráfico no ayudaba.
Llegué tarde. No había nadie allí. Nadie más que la Torra Eiffel asomándose a lo lejos ante la niebla. Había dejado de llover y tanto mi coche como mis zapatillas estaban llenos de barro, pero si yo estaba pringada ella más.
No quiero irme de aquí, hacía mucho tiempo que no estaba sola. Este parque era perfecto, lo conocí hace tiempo y lo hice mi refugio. En Madrid tengo varios pero aquí me resultó una misión más complicada y este, sin duda, era mi favorito. Nada malo había pasado aquí, jamás, de todas he salido un tono más.
A los veinte minutos mis dedos comenzaron a cambiar de color pero mi cabeza ardía en llamas. No quiero ver a nadie, bueno sí pero no está. Y la señora tampoco. Sé que ella tiene algo que ver, se adelantó, pero tendría que volver, antes de que mis órganos pierdan su sentido de nuevo.
La siguiente hora pasó sin más, el sol subía y las nubes se alejaban al ritmo que marcaba el viento. Suave, París me dedicaba sus últimos suspiros, recordándome que los míos fueron desterrados y encerrados en una maleta.
El iPhone no dejaba de sonar.
-Ya sabes por qué vine a Paris, ¿verdad? Llego en diez.
-Voy yo, hace frío.
No podía entrar en el coche así. Mi coche no se merecía ensuciarse con mis caprichos. Abrí el maletero y rebusqué en la mochila de repuesto. Peor de lo que me pensaba, solo había un vestido de fiesta y unos tacones que me tendrían que servir.
Intenté llegar lo más rápido que pude, los tacones no eran reto.
Llegué al hotel y aprovechando que Mario estaba fumando, para variar, le dejé el coche para que me lo limpiase y subí a la habitación de mi hermana tan rápido como pude.
-Take care of the car, clean the sneakers and be up in 20.
Llegué al ascensor y subí a mi planta. B y Cam subieron en la suya, cada uno con una maleta. Bien, por fin un acto coherente de su parte.
-Ya se que es eso, no sabía que estuvieses tan loca.
-Fue Cam quien lo descubrió realmente. -El mono tardó poco en subirse a la maleta de B y pegar un gritito de orgullo, supongo.
-Vale vale. ¿Cual es el plan?
-Si pero el capullo de tu hermano tiene el grande, no invites a gente y ayudame a hacer la maleta porfa.
-Vale, estamos grabando un nuevo documental. Millonarios del mundo. ¿Después de mi a quien entrevisto?
No pude evitar reírme, mi hermana cada vez estaba haciendo más dinero con sus vídeos. Hasta el punto de vivir gratis cuando lo necesitaba, sobraban casas, coches y arrogancia. Lo mejor, es la mejor persona que conozco y conoceré, y puede que de las más feroces.
-Vale vale, y cuando te pregunten que de dónde lo sacas dices que te lo dio todo una tribu de monos y seguro que te regalan un canal de la tele.
-Mi primer reality sería estilo Supervivientes pero cool.
-Jajajajajsjajjajajajjaa vale B, yo te lo presento. Pásame un par de sudaderas y nos vamos.
-Y esta de aquí rosa es mía así que me la quedo, ladrona.
Llegó Mario para ayudarnos con las maletas y nos llevó a coger el avión. Confíe mi coche en sus manos, es familia ya.
Subimos todos al avión lo más rápido que pudimos pues el tiempo no estaba a nuestro favor, pero eran solamente dos horas de vuelo y teníamos un piloto con el que llegaríamos a salvo al fin del mundo.
-Dale Yisus pa casa. -Canturreaba mi hermana mientras grababa todo con el movil. -Pregúntame cosas de millonaria.
-¿Qué dices? venga vale, pásame el móvil. -Al levantarse también lo hizo el avión. Se elevaron ambos y un golpe, un desgarro, sonido estridente que no correspondía. -Lo que ha sonado no ha sido solo tu cabeza contra la pared.
-Claro que no, ¡qué susto! -Fue corriendo a la cabina. -¿Qué ha pasado?
-Las ruedas, al despegar, como si se hubiesen despegado, esto hace dos horas estaba perfecto, no entiendo nada.
-Esta mañana. No pasa nada, podemos volar pero el aterrizaje será un poco más turbio.