Sobre mi

lunes, 20 de marzo de 2017

-2. No le gusta que le llamen mono

-Hey, less screaming than usual, everything ok? 
-Yes, more hotels coming, we might have to visit the zone soon. Beer?
-Sure. 

Nos acabamos la cerveza y fuimos al McDonalds. Siempre celebramos nuestras victorias igual: comida basura y humo. 
De camino hacia el parking Mario se ofreció a llevarme en su moto, pero en cuanto se percató de la preciosidad que había aparcada en mi plaza de garaje se derritió y no fue nada complicado convencerle de que mi carro era mejor opción. 

-Oh my god, I love it. 
-I know, I love it too. Macdo?
-Oui señorita. 

Comenzaba a chispear y el tráfico es horrible a estas horas. Acelero para evitar un par de semáforos en lo que Mario soba y toquetea cada botón y pantalla de mi nuevo juguete.

-How did you get it so soon?
-Guess.

Sabía que la respuesta no iba a ser de su agrado, el coche fue un regalo de parte de mi hermano hace un par de días y su relación con Mario estaba bastante tensa últimamente. Siempre supe que le gustaba mi hermano pero jamás pensé que él le haría caso. No sé, Carlos siempre ha sido un tío muy duro y Mario pues, todo lo contrario. 
Mario es más alto que mi hermano, delgaducho, pelo negro, piel pálida y ojos verdes. Típico inglesito rebelde y consentido que vio su mundo patas arriba cuando sus padres decidieron divorciarse y no saber nada más de él. Solía llevar un piercing en el labio que desapareció en cuanto le contraté. "Not classy" decía. A pesar de haberle dejado muy claro que no me importaba su apariencia con tal de que no influyese a su eficiencia, la arrogancia parisina se contagia como la peste y cambió su look reivindicativo y rebelde de cuando estudiaba en Londres, por el pijoterío clásico de la ciudad del amor. 
Quizás por eso mi hermano se aburrió de él. 
Se conocieron en la universidad, a los pocos meses empezó a salir con esta loca y pensé que igual se ablandaría un poco, pero me equivoqué y él sigue a su puta bola. 
Llevan ya bastante tiempo de tiras y aflojas, y me refiero a años. Mi hermano es el típico hombre que tiene que tener todo bajo control, al igual que mi padre y cuando ve que puede haber algún cabo suelto o que sus planes no son llevados a cabo a la perfección, huye. Creo que es algo de familia. 
Rubio y ojos azules, también cosa de familia, aunque su carita de niño bueno no casa con su cuerpo de puerta de discoteca, su mayor cualidad es manipular a la gente, siempre con delicadeza. Un español bastante alemán, pero con debilidad por la Mahou. Conmigo no puede, sabe que estoy en su nivel, sabe que soy la única que puede entenderlo. 

-Don't answer. 
-It’s my brother. 
-He's an asshole. 
-You are an asshole too and I'm buying you chicken nuggets. 

Encendí el manos libres.

-Hola Carlos, ¿todo bien?
-¿Estas con él a que si? Le oigo respirar. Dile que me llame. 
-I'm not calling you, wanker. -dijo Mario con un tono de voz que ni el mismo se estaba creyendo mientras se oía.
-Ok. Anyways, que te llamo porque va a ir B a verte y creo que quería llevarse a Cam. 
-¿Qué? ¿Pero esta niña es imbécil? Dile que no, no sé qué se piensa que es esto pero...
-Bueno lo hablas con ella, a las 17.00 en Orly W si no recuerdo mal. 
-¿Hoy? ... Carlos...

Me ha colgado. A su puta bola siempre. Lo que no entiendo es por qué me ha llamado él en vez de B. 

-Told you he's an asshole. 
-Call B please. 
... 
Comunicando. 
Recogemos nuestra comida y volvemos al coche. 

-You want me to drop you somewhere or you are coming with me?
-I'll go with you just give me a second. -saca un cigarrillo de su bolsillo y se lo enciende, yo hago lo mismo. 
-Who are you calling? -aunque estaba claro que la respuesta era mi hermano. 
-Guess. -pobre Carlos lo que tiene que aguantar.
-So predictable, get in the car. 

Cuando llegamos al aeropuerto ya había aterrizado. Es fácil reconocer a B. No ves muchas niñas de pelo blanco hasta la cadera con un mono de la mano. 

-Joder como habéis tardado. Oye estas ideal, long time no see. 
-Thanks queen B, your hair looks amazing too. 
-Pareces una vieja Berni. No entiendo por qué te has traído a Cam. Como lo pillen me matan. -digo mientras miro al mono que lleva mi hermana subido a su maleta- Cam, no te pueden ver. Cuando lleguemos al hotel, a la mochila. -me hace un gesto raro con las manos pero se que me ha entendido. 
-Calla. Estoy muerta vamos al hotel y te cuento. Te he traído regalos. Bueno, los tiene Cam en los calzoncillos, no sabía si aquí era legal o no. 

Decidí no hacer más preguntas, pero no pude evitar fijarme en que el paquete de Cam era bastante más grande de lo habitual y rompí a carcajadas.
No entendía nada. ¿Qué hace aquí mi hermana pequeña con un mono y traficando yo que sé qué?
Mario y B me miraban con desconcierto pero acabaron contagiados por mi risa absurda. 
Cuando llegamos al hotel todos comenzaron a avasallar a preguntas a B. En realidad llevaba todo el verano sin verla y a Cam más aún. 
Ella se marchó a Tokio a hacer unas prácticas y reuniones hace ya un año y allí lo adoptó, más o menos, el caso es que ese mono salvó su futura carrera más de una vez. Tras pasar allí un par de meses volvió a España, pero raro es el mes que no tiene que marchar a grabar algún vídeo o reportaje y el mono ya era parte de su identidad. Era jodidamente listo y siempre iba perfectamente trajeado y peinado, pero nadie había conseguido jamás que calzase algo que no fuese deportivas. Al principio pensé que era mi hermana la que le elegía los modelitos pero no, es cabezota como el solo. Me encantaba ese mono, pero no en mi hotel, por lo que aproveche la hipnosis que había provocado mi hermana en todo el mundo y volví al coche a por Cam. No fue difícil la verdad, metí mis tubular nuevas que llevaba en el maletero del coche en la mochila y no pudo resistirse. Fue detrás. 

-Como las destroces te tiro al Sena. 
-Ok who are you threatening, badass? he's Japanese. 
-Shut up Mario. B, subimos. 

Su suite estaba situada justo debajo de mi planta. Digo planta y no habitación porque mi habitación abarca prácticamente todo. Me gusta tener desocupada la azotea de los hoteles, no suelo dar reservas jamás ahí, por mucho actor o presidente que sea, la azotea es nuestra. 
Dejo a Cam y a B que se instalen y subo a mi habitación. 
Me encantan las vistas de esta ciudad, me pasaría horas aquí pasmada, nada me relaja más. Una lágrima brota de mis ojos y cae por mis mejillas, demasiado salado, no me apetece, pero ya van a cumplirse las dos semanas y no se si lloro de emoción o carencia. El precio a pagar era alto pero siempre pensé que juntos podríamos controlar el mundo y no vamos mal encaminados. Él es el amor de mi vida. Lo supe rápido. Lo que no supe tan rápido es que le necesitaba tanto. No sabía que era tan imprescindible en mi vida a pesar de no haber sido nunca jamás de imaginarme sin él. Cada día sin hablar es una tortura y cada kilómetro un puñal clavado y sangrando. Nunca hemos conseguido estar más de un mes separados y espero que siga así. Mientras le tenga sé que nada puede ir mal. Ya solo quedan un par de días para volver a sentirle y me pueden los nervios. Últimamente siempre conseguíamos compaginarnos, el mes pasado lo pasamos en Chile cerrando un proyecto de red de carreteras secundarias y poco antes estuvimos dos semanas perdidos en Hawaii buscando posibles accionistas para ampliar los resorts. 
Cuando estoy con él nada me preocupa, mis ansias de conquista se paralizan y todo cuanto existe pierde su importancia. Dos semanas se hacen un mundo y evitar no pensarlo es inútil. 
Oigo gritos y vuelvo a la realidad.



-Dice Cam que le mola más tu habitación. 
-Seguro que sí... ¿qué cojones escondes B? ¿Qué lleva el mono en los pantalones? -un grito sale del baño. 
-No le gusta que le llames mono, ya lo descubrirás pero puede que con eso no tengamos que volver a trabajar nunca. 
-A mí tampoco me gusta que esté en mi baño teniendo vosotros uno. Además, lo nuestro tampoco es que se pueda llamar trabajo. 
-Bueno, espera a que Cam que salga del baño y te cuente él. -vale, mi hermana está loca, Cam es listo pero no tanto.

-Cam no habla... 

En ese momento, un mono vestido de traje y con Jordan se acerca con un maletín negro. Al abrirlo enloquecí.



domingo, 19 de marzo de 2017

Hasta el ciego necesita sol.

Solo escribo en momentos bajos, no te quejes de mis dramas. A altas horas de la madrugada cuando la incertidumbre me rompe el sueño y la cabeza pesa más que el alma, las pesadillas me aturden y las palabras salen disparadas. ¿Existirá eso de vivir en paz?

El mundo cae una media de tres veces por semana y el sol solamente consigue cegarme. La verdad, que asco. En un día como hoy solo se me viene a la cabeza las largas horas en la playa intentando absorber cada lección que emanaba de tu boca mientras me protegías de los peces enormes que me acorralaban en aquellas aguas. Entre corales, cangrejos y estrellas de mar hallé mis mayores descubrimientos, puede que fuese ahí cuando el sol comenzó a cegarme.
Sigo analizando, me mantengo dando vueltas a algunos de esos momentos que consiguieron hacerme sentir bien, entera, y con algo más de valor.
Creo que debería partir de esas bases. Comenzar a cerrar mis puertas a aquello que me ata y no me deja sentir. Vivo en un círculo de sentimientos que me cansan, necesito renovar y descartar, dejar de infectarme con cadenas, dejar de ser feliz con condiciones, pasar a algo más.
Sigo sin ver respuestas y ahora me asusta el sol.

martes, 14 de marzo de 2017

dont cry sunshine

Vivo en nervio. No se como mantener la calma, en un segundo acelero mis sentidos hasta el extremo, acentúo el corazón hasta casi atragantarme mientras mi razón se va atenuando. Antes me mordía las uñas, luego pasé a vicios adultos. Más o menos ya no proyecto mi ira en actos impetuosos.

-Quién dijo que la realidad fuera esta.

Criticando mis defectos he llegado al gran descubrimiento de que la luna y el sol acaban necesitándose y yo, tan aturdida con los colores de la puesta de sol que se me hace utópico alcanzar el amanecer. No creo en el horóscopo,  ni en bolas de cristal, ni en péndulos, ni cartas, ni karma; creo en que cuando el cielo inaugura su festival de nubes de algodón mi corazón da la vuelta. 
Hay gente en ambos bandos, luego están las estrellas, las que jamás acabarías de admirar pero a las que la luz del sol impide brillar mientras esta actúa. Estas no son gente.
Lo adictivo de ello es el miedo, el no tener preocupaciones parece alterarme. Luego caigo en que la luna solo brilla gracias a el sol y mi corazón vuelve a girar. 
Pero salgo a la ventana y me deslumbra. 
El viento me calma y el sol nunca suele estar en las grandes ocasiones. 

La luna esconde algo, yo la escondo a ella. 

Lo siento, ahora mismo no manda nadie más.